El cáncer de útero, también denominado cáncer endometrial, afecta a miles de mujeres en México y ha registrado un aumento en incidencia asociado a factores hormonales y metabólicos. Según datos de GLOBOCAN 2020, se reportan alrededor de 5,500 casos nuevos cada año y aproximadamente 1,100 muertes anuales por esta enfermedad en el país. Se trata del segundo cáncer ginecológico más frecuente en México, después del cáncer cervicouterino, y ocupa el quinto lugar entre todos los tipos de cáncer en mujeres.
La incidencia es más alta en mujeres posmenopáusicas, principalmente entre los 50 y 79 años, aunque factores como obesidad, síndrome metabólico y síndrome de ovario poliquístico (SOP) pueden afectar a mujeres más jóvenes. El cáncer endometrial ocurre cuando las células del revestimiento uterino (endometrio) crecen de manera descontrolada, generalmente debido a desequilibrios hormonales, como niveles elevados de estrógeno sin la acción compensatoria de progesterona.
En la población mexicana, los principales factores de riesgo incluyen obesidad (IMC ≥ 30), que aumenta hasta tres veces la probabilidad de desarrollar la enfermedad; síndrome metabólico, que incrementa el riesgo en un 45 %; y SOP, que eleva el riesgo en 3.6 veces. Ante estas condiciones, los especialistas recomiendan vigilancia médica constante y revisiones periódicas.
El síntoma principal de alerta es el sangrado vaginal anormal, ya sea entre periodos menstruales o posterior a la menopausia. También se debe atender cualquier flujo vaginal inusual, particularmente si es de tonalidad rosada o marrón. Es importante señalar que las pruebas de detección cervical, como el Papanicolaou, no detectan ni previenen el cáncer de útero, por lo que cualquier signo de alarma requiere evaluación médica directa.
El proceso de diagnóstico incluye un examen pélvico inicial, y en algunos casos pruebas complementarias como ecografía transvaginal y biopsia del endometrio. En el Reino Unido, se ha aprobado recientemente el test WID-easy, una alternativa menos invasiva que utiliza un hisopo similar al de las pruebas de COVID para detectar cambios en el ADN asociados al cáncer uterino, aunque este método aún no está disponible en México.
El tratamiento más frecuente es la histerectomía, es decir, la extirpación quirúrgica del útero, especialmente efectiva en etapas tempranas. Cuando la enfermedad se ha extendido más allá de la pared interna del útero, se puede complementar con radioterapia para reducir el riesgo de recurrencia.
Es importante contextualizar que, aunque el cáncer de endometrio es significativo, el cáncer cervicouterino sigue siendo el de mayor impacto en México. Cada año se estiman 13,960 casos nuevos, con una mortalidad considerable, siendo la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres desde 2006. Aproximadamente 3 de cada 10 casos se detectan en etapas avanzadas, lo que subraya la importancia de la prevención y el diagnóstico oportuno mediante vacunación contra el VPH y tamizajes regulares.
Especialistas y organismos de salud enfatizan que la detección temprana del cáncer de útero es crucial, ya que aumenta significativamente las probabilidades de éxito en el tratamiento. Se recomienda consultar a un médico ante cualquier síntoma anormal para realizar los estudios necesarios y asegurar una intervención oportuna.
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