En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, México enfrenta un escenario complejo: la creciente demanda de atención psicológica y psiquiátrica coincide con una reducción en los recursos destinados al sector. Bajo el lema internacional «Acceso a los servicios: salud mental en catástrofes y emergencias», la jornada de este año destaca la necesidad urgente de fortalecer los sistemas de apoyo.
Según estadísticas recientes, la ansiedad y la depresión son los padecimientos más frecuentes entre la población mexicana. Del total de personas que buscan asistencia, 52.8% presenta trastornos de ansiedad y 25.1% depresión. Se estima que 3.6 millones de adultos viven con depresión, principalmente jóvenes y adultos entre 20 y 49 años, quienes representan los grupos más vulnerables.
Expertos indican que la crisis de salud mental tiene múltiples causas. La predisposición genética se combina con factores ambientales y sociales, como las secuelas psicológicas derivadas del confinamiento por COVID-19, la pérdida de seres queridos y la incertidumbre económica. A esto se suman niveles elevados de violencia e inseguridad, así como condiciones socioeconómicas adversas, como desempleo y pobreza.
El estigma social sigue siendo una barrera relevante para el acceso a la atención. A pesar de campañas de concientización y programas educativos, muchas personas evitan buscar apoyo profesional, lo que limita la eficacia de los servicios disponibles.
El gobierno ha desarrollado medidas para atender la situación, incluyendo la Línea de la Vida (800 911 2000) y un modelo de atención comunitaria que busca ampliar el alcance de los servicios. Además, el Plan Sectorial de Salud Mental y Adicciones 2023-2024 pretende garantizar un acceso universal y gratuito.
No obstante, la reducción del 13% en el presupuesto de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones para 2025 amenaza la efectividad de estos programas. En términos generales, el gasto público en salud representa 3.4% del PIB, lejos del 6% recomendado por organismos internacionales, lo que limita la cobertura y la calidad de los servicios.
Este Día Mundial de la Salud Mental subraya la necesidad de que autoridades y sociedad reconozcan la salud mental como una prioridad. Sin un aumento en la inversión y un compromiso sostenido, la crisis podría intensificarse, dejando a millones de personas sin apoyo en momentos críticos.
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