Este martes 22 de julio de 2025 falleció a los 76 años John Michael Osbourne, mejor conocido como Ozzy Osbourne, vocalista y cofundador de Black Sabbath, figura clave en la creación del heavy metal y referente cultural de las últimas cinco décadas. La familia del artista confirmó su deceso a través de un comunicado en el que señaló que murió “rodeado de amor” y pidió privacidad. Aunque no se reveló la causa oficial, Osbourne enfrentaba desde 2020 un diagnóstico de Parkinson, sumado a diversos problemas de salud desde 2018.
El deceso se produjo semanas después de su último concierto en Birmingham, Inglaterra, donde se reunió con Black Sabbath para una presentación titulada Back to the Beginning. Más de 40 mil personas asistieron al evento, que además recaudó casi 200 millones de dólares para fundaciones como Cure Parkinson’s y el Hospital Infantil de Birmingham. El acto, cargado de simbolismo, cerró una trayectoria marcada por la provocación, la transformación pública y una inusual capacidad de conexión intergeneracional.
Desde su fundación en 1968, Black Sabbath introdujo un sonido oscuro y disonante que rompió con el movimiento hippie dominante. Su primer disco, Paranoid, con temas como “War Pigs”, definió el género y propuso una crítica social con fuerte carga política. Tras su separación del grupo en 1979, Ozzy lanzó 13 discos de estudio, con temas emblemáticos como “Crazy Train”, donde expresó su preocupación por la manipulación política y la ansiedad colectiva en la Guerra Fría.
A lo largo de su carrera, Osbourne fue blanco de campañas de censura, en especial por parte del Parents Music Resource Center (PMRC), liderado por Tipper Gore. En 1985, su canción “Suicide Solution” fue incluida en la lista de “Filthy Fifteen”. En 1990 enfrentó una demanda legal en la que se le responsabilizó por el suicidio de un joven, pero los tribunales estadounidenses declararon que las letras estaban protegidas por la Constitución como libertad de expresión. La presión conservadora derivó en la implementación de etiquetas de “Parental Advisory”, que transformaron la relación entre la música y el comercio.
Pese a mantener una postura apolítica, su música y su figura pública desataron controversias que alcanzaron niveles legislativos. Osbourne rechazó públicamente el uso de su música en campañas políticas, incluyendo el caso del expresidente Donald Trump. Este gesto reafirmó su intención de mantener una independencia artística y de evitar instrumentalizaciones partidistas. En sus propias palabras, “el mundo entero es un tren loco” —una frase que resume su visión crítica del poder y el conflicto.
En los últimos años, su participación en el programa The Osbournes y su involucramiento en causas filantrópicas lo acercaron a públicos fuera del metal. Su transformación mediática, sin abandonar su esencia provocadora, evidenció cómo figuras de la contracultura pueden ser asimiladas por el mainstream sin perder completamente su carácter disruptivo.
La muerte de Ozzy Osbourne no solo representa la pérdida de un artista, sino el cierre de un capítulo cultural cuya influencia se extiende más allá de la música. Su legado resuena en debates sobre libertad de expresión, identidad juvenil, censura y resistencia cultural, posicionándolo como un actor clave en la construcción simbólica de la disidencia en tiempos de tensiones sociales y políticas. La ausencia de pronunciamientos de líderes políticos tras su fallecimiento subraya su lugar como referente cultural, más allá del poder formal.
Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.










