El gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), Agustín Carstens, advirtió que la aplicación de aranceles en la economía global podría generar un impacto significativo en los precios de las materias primas y provocar disrupciones en la oferta y la demanda, afectando especialmente a países como México y Canadá.
Durante su participación en la Trigésima Tercera Conferencia de la Reserva Federal de St. Louis en memoria de Homer Jones, Carstens señaló que «el impacto final sobre la inflación probablemente sería de una sola vez, pero es difícil estimar cómo se trasladará al consumidor final«. Asimismo, destacó que, además del choque de precios, existe la posibilidad de una depreciación cambiaria como efecto secundario de las medidas arancelarias.
El exgobernador del Banco de México recordó que en 2018, tanto China como Estados Unidos permitieron que sus monedas se deslizaran para compensar la carga arancelaria, lo que generó efectos en sus respectivas economías. En este contexto, advirtió que la política monetaria enfrenta un panorama extremadamente incierto.
En su intervención titulada Monetary Policy Frameworks: Lessons Learned and Challenges Ahead, Carstens subrayó la importancia de que los bancos centrales preserven el espacio monetario necesario para responder a choques económicos imprevistos. Explicó que, en el caso de economías emergentes, las fluctuaciones repentinas en el tipo de cambio pueden generar tensiones en los mercados financieros nacionales.
El economista enfatizó que, aunque los tipos de cambio flexibles han demostrado su capacidad para absorber choques externos, es necesario implementar herramientas macroprudenciales y consideraciones macrofinancieras para reducir la frecuencia de crisis. También destacó que la experiencia pospandemia exige mayor cautela en la conducción de la política monetaria con el fin de llevar la inflación a su objetivo.
Carstens alertó sobre los riesgos que implica permitir que la inflación supere el objetivo, ya que esto podría socavar la credibilidad de los bancos centrales e incluso amenazar su independencia. Enfatizó que, tras la pandemia, las políticas fiscales expansivas amplificaron los efectos adversos de la demanda agregada sobre la inflación, lo que dejó la impresión de que los bancos centrales eran más tolerantes ante déficits moderados de inflación.
El experto concluyó que la estabilidad económica no depende únicamente de la política monetaria, sino que también requiere una política fiscal responsable que garantice la sostenibilidad de la deuda pública. Finalmente, advirtió que las perspectivas macroeconómicas pueden cambiar abruptamente, por lo que la política monetaria debe ser lo suficientemente flexible para ajustarse a las condiciones cambiantes del entorno global.
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