La reaparición de la fiebre amarilla en Venezuela y diversos países de la región ha encendido las alarmas sanitarias debido a su alta letalidad y expansión geográfica. Entre 2025 y principios de 2026, Venezuela confirmó 36 casos y 20 defunciones, lo que representa una tasa de mortalidad superior al 55%, afectando principalmente a adultos jóvenes de entre 10 y 49 años.
El estado de Barinas concentró un tercio de los contagios, formando un corredor selvático-agrícola con implicaciones transfronterizas hacia Colombia. En el resto de Sudamérica, la situación muestra un patrón similar: entre enero y abril de 2025 se notificaron 301 casos y 124 muertes, con Bolivia, Brasil, Colombia y Perú como los países con mayor incidencia.
Factores de la reemergencia
Especialistas señalan que la propagación de esta enfermedad, prevenible con una vacuna de por vida, responde a un paisaje epidemiológico modificado por cuatro elementos clave:
- Deforestación: La expansión agrícola acerca a las comunidades a los mosquitos silvestres Haemagogus y Sabethes.
- Cambio climático: El aumento de lluvias y temperaturas altera la distribución de los vectores.
- Movilidad humana: Las fronteras porosas permiten la dispersión de brotes no reportados oficialmente.
- Debilidad institucional: Conflictos y falta de acceso dificultan la vigilancia y las campañas de vacunación.
El papel de los primates como centinelas
La muerte de primates no humanos en zonas boscosas funciona como una alerta temprana para las poblaciones civiles. Sin embargo, la fragmentación de hábitats ha provocado que estos animales mueran más cerca de asentamientos humanos, aumentando el riesgo de salto del virus hacia áreas periurbanas con baja cobertura vacunal.
Expertos en salud planetaria advierten que la letalidad actual, que supera el 40% en varios países, sugiere un posible subregistro de casos leves. Ante este escenario, organismos internacionales subrayan la urgencia de integrar políticas ambientales y de salud pública, así como garantizar la transparencia en la notificación de brotes para evitar la dispersión regional del virus.
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