La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá ha causado un gran caos en la industria alimentaria de América del Norte, a medida que los aranceles impuestos por ambos países interrumpen las cadenas de suministro que han estado interconectadas durante décadas. Los aranceles de represalia de Canadá, que afectan a productos agrícolas estadounidenses como duraznos y cítricos, son solo una parte de los retos a los que se enfrentan los agricultores y productores de alimentos en ambos países.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso el martes un arancel del 25 por ciento a la mayoría de los productos canadienses y mexicanos. En respuesta, Canadá implementó aranceles similares a productos estadounidenses por un valor de 30 mil millones de dólares canadienses, afectando bienes como jugo de naranja, café y frutas. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, también advirtió que podría ampliar estas medidas el próximo mes para incluir más productos como carne de res y cerdo.
A pesar de que Trump suspendió la aplicación de nuevos aranceles el jueves, los productores de alimentos siguen enfrentando incertidumbre, ya que existe la posibilidad de que los aranceles se reanuden en abril, lo que afectaría aún más las cadenas de suministro. «Este es el mayor desafío al que nos hemos enfrentado nunca, y llevo más de 20 años haciendo esto», comentó John Nickel, un productor de cerdos de Manitoba que exporta a Estados Unidos.
La interdependencia de los dos países es evidente en la industria alimentaria. Según datos de Canada Food Flows, Estados Unidos suministra el 67 por ciento de las hortalizas que Canadá importa, así como el 36 por ciento de las frutas. Esta relación comercial se ha mantenido durante años debido a la proximidad geográfica y la eficiencia en la distribución de productos perecederos, pero ahora está siendo puesta a prueba por los nuevos aranceles.
Los desafíos logísticos y económicos también afectan a los mayoristas canadienses. George Pitsikoulis, un mayorista de productos agrícolas en Montreal, explicó que mientras que los envíos desde California pueden realizarse rápidamente en un par de días, importar productos de países más distantes, como España, puede llevar semanas. Esta demora incrementa los costos y complica la logística, especialmente para productos como las fresas, que no sobreviven a viajes largos.
Además, los aranceles no solo afectan los productos agrícolas canadienses importados de Estados Unidos, sino también los productos de otros países que atraviesan Estados Unidos antes de llegar a Canadá. Esto provoca que muchos productos, como los limones de México, enfrenten un incremento de precios debido a los aranceles estadounidenses, incluso si Canadá no aplica un arancel adicional.
La relación comercial entre Estados Unidos y Canadá es crucial para ambos países. Mientras que Canadá depende de Estados Unidos para una gran parte de sus frutas y verduras frescas, Estados Unidos también depende de Canadá para una parte significativa de sus exportaciones agrícolas. La ruptura de esta relación de intercambio podría tener consecuencias económicas y sociales en ambos lados de la frontera.
En este contexto, expertos como Sunderesh Heragu, profesor de la Universidad Estatal de Oklahoma, destacan la dificultad de cambiar cadenas de suministro ya establecidas. La creación de nuevas redes comerciales y asociaciones no es un proceso rápido ni sencillo, lo que aumenta la incertidumbre y los costos para los productores y consumidores de ambos países.
El impacto de estos aranceles es una prueba de cómo las políticas comerciales pueden afectar a sectores clave de la economía, como la agricultura, que depende de acuerdos transfronterizos eficientes y rápidos. Con el futuro del comercio entre Estados Unidos y Canadá aún incierto, la industria alimentaria de América del Norte deberá adaptarse a esta nueva realidad.
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