El Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, el arzobispo Ettore Balestrero, instó a la comunidad internacional a fortalecer la aplicación de la Convención sobre Municiones en Racimo, tras advertir que la neutralización de estos artefactos es un requerimiento estructural para garantizar el desarrollo integral de las naciones.
Durante su intervención del 1 de julio en el marco de la Tercera Conferencia de Examen de la Convención sobre Municiones en Racimo, la representación diplomática argumentó que el uso de estas armas afecta de manera desproporcionada a la población civil y a los menores de edad, limitando las capacidades de recuperación económica en zonas de conflicto.
El representante de la Santa Sede propuso ante la asamblea que la asistencia a las víctimas sea asumida como una responsabilidad compartida entre los Estados. El planteamiento exige mantener la ejecución del tratado bajo un enfoque centrado en la persona, garantizando la cobertura de necesidades de las poblaciones vulnerables afectadas por la operatividad militar.
Objeciones terminológicas en el tratado
En el análisis del texto resolutivo, la delegación vaticana presentó objeciones formales respecto a la redacción del documento. Balestrero señaló específicamente el rechazo institucional a la inclusión de expresiones como «género y diversidad», «consideraciones de género» e «integración de la perspectiva de género».
El diplomático advirtió que la incorporación de dichas referencias técnicas representa un obstáculo logístico y político para los acuerdos multilaterales. De acuerdo con el posicionamiento oficial, esta terminología genera fricciones entre diversos Estados Partes y no Partes, lo que frena los procesos de ratificación y la universalización del instrumento jurídico.
Impacto y regulación del armamento
El marco normativo internacional clasifica a las municiones en racimo como proyectiles, cohetes o bombas que, tras su lanzamiento, se fragmentan en pleno vuelo para dispersar múltiples submuniciones sobre perímetros extensos, maximizando la zona de impacto.
La Convención sobre Municiones en Racimo es un tratado internacional adoptado en Dublín durante 2008 y en vigor desde agosto de 2010. Su ratificación busca la eliminación del armamento debido a su letalidad residual, ya que un porcentaje de los explosivos no detona al momento del impacto, operando como minas terrestres activas durante décadas posteriores al cese de las hostilidades.
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