La temporada navideña incrementa la impulsividad en niñas y niños debido a la sobreestimulación, la alteración de rutinas y la exposición constante a mensajes de consumo, lo que puede derivar en frustración y dificultades para regular emociones, explicó Mónica Fraca Villar, psicóloga sanitaria especializada en pareja y familia, en entrevista con Europa Press Salud Infosalus.
De acuerdo con la especialista, la Navidad concentra luces, publicidad, actividades especiales y expectativas, factores que generan una sobrecarga emocional en los menores. “Esto activa en el niño un estado donde la necesidad de gratificación inmediata se amplifica”, señaló, al precisar que el desarrollo neurológico infantil limita la autorregulación ante el deseo constante de obtener más.
Fraca Villar, también integrante del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, añadió que los menores reciben mensajes reiterados de una cultura de consumo que promueve la acumulación, al tiempo que la interrupción de rutinas reduce su capacidad de control emocional. A ello se suma que las personas adultas suelen llegar a estas fechas con cansancio o tensión, clima emocional que los niños absorben.
La psicóloga indicó que, en muchos casos, los regalos se utilizan como recompensa por rendimiento académico o comportamiento, lo que refuerza la asociación entre bienestar y obtención de objetos. En este contexto, “el deseo se vuelve más urgente y la impulsividad crece como forma de gestionar emociones difíciles de nombrar”, afirmó.
El papel de madres y padres en la regulación emocional
La especialista subrayó que el rol de las familias es clave para acompañar estos procesos sin ceder a la impulsividad. Recomendó validar las emociones sin modificar los límites: “Entender que desear algo y no poder tenerlo es difícil calma el sistema nervioso y evita escaladas emocionales”. Asimismo, sugirió anticipar límites claros, como acordar previamente un número definido de regalos.
También destacó la importancia de otorgar un marco simbólico a los obsequios, al explicar que “los regalos representan cariño, pero no lo miden”. Otra estrategia es posponer deseos, mediante listas para otras fechas, lo que permite enseñar tolerancia a la frustración sin negar el deseo.
Límites sanos y coherencia adulta
Fraca Villar enfatizó que poner límites es necesario y no implica castigo, siempre que se haga desde la calma y con explicaciones claras. “El niño necesita un adulto que pueda sostener su emoción y el límite al mismo tiempo”, señaló. Añadió que no se debe retirar el vínculo afectivo al fijar normas y que acompañar sin ceder favorece la regulación emocional.
Finalmente, la especialista recomendó revisar el guion emocional de la Navidad, reducir la sobreestimulación y priorizar rituales familiares no materiales, como actividades compartidas. “Los niños aprenden por imitación; la coherencia adulta en el manejo del consumo y los límites es fundamental”, concluyó.
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