El uso de ChatGPT para identificar posibles infidelidades y analizar relaciones sentimentales ha ganado popularidad en redes sociales, con usuarios que emplean el chatbot para interpretar mensajes y tomar decisiones sobre sus vínculos afectivos. Esta tendencia refleja un cambio en la función tradicional de la inteligencia artificial generativa, que va más allá de tareas técnicas y productivas.
Un caso difundido en Grecia destaca el uso del sistema para practicar tasseomancia, un arte tradicional que interpreta el futuro mediante los restos del café. Según medios locales, una mujer pidió a ChatGPT analizar una imagen de la taza usada por su esposo. El chatbot concluyó que el hombre tenía una relación con una persona más joven, identificada sólo por la inicial «E». A raíz de esto, la mujer inició un proceso de divorcio, aunque las autoridades no han confirmado oficialmente los hechos.
Además, usuarios en distintas plataformas comparten capturas y transcripciones de conversaciones privadas de aplicaciones como Tinder o WhatsApp para que ChatGPT realice una «lectura emocional». El objetivo es identificar signos de interés, manipulación o desinterés en sus parejas o pretendientes. Esta práctica, especialmente común entre personas jóvenes, se justifica por la percepción de imparcialidad y disponibilidad continua del chatbot.
El uso del chatbot se extiende incluso a la generación de representaciones visuales. Por ejemplo, un usuario solicitó a ChatGPT una imagen fotorrealista de sí mismo, a lo que el sistema respondió con una figura andrógina con características simbólicas, explicando que no puede conocer la apariencia física real del usuario. Esta respuesta evidencia la atribución simbólica que algunos usuarios hacen a la inteligencia artificial.
Esta tendencia de emplear ChatGPT como confidente digital y oráculo emocional ilustra la creciente confianza depositada en herramientas automatizadas. Sin embargo, expertos señalan que estas tecnologías no reemplazan el juicio humano ni garantizan precisión en interpretaciones subjetivas.
A pesar de las críticas y advertencias, la diversidad de usos emocionales y simbólicos de ChatGPT sigue aumentando en redes sociales, superando sus aplicaciones técnicas originales y generando debates sobre los límites éticos y prácticos de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.
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