El pasado domingo, la elección para elegir a nueve ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) registró un volumen histórico de votos inválidos, que sumaron un total de 26.6 millones, según datos del Instituto Nacional Electoral (INE). Esta cifra incluye tanto votos nulos como votos no marcados o “recuadros no utilizados”, una clasificación nueva aplicada en este proceso electoral.
El INE reportó que, de los sufragios emitidos, 12.6 millones (10.8%) fueron votos nulos. Estos incluyen boletas con números inválidos, marcas no identificables o ausencia de voluntad expresada de forma clara. A esta cifra se suman otros 14 millones (12%) de votos no marcados, es decir, boletas con recuadros vacíos o con marcas no válidas como leyendas, dibujos o nombres ajenos a la elección, que el INE contabilizó como “recuadros no utilizados”.
Esta distinción entre votos nulos y recuadros no utilizados no tiene precedentes en elecciones anteriores, lo que ha generado debate sobre el verdadero nivel de rechazo o abstención activa en esta votación judicial. Para el especialista Ricardo Sanginés, integrante del Laboratorio para la Democracia, esta diferenciación es una forma de minimizar el volumen real de votos anulados, ya que en esencia ambos tipos de boletas representan votos inválidos.
Sanginés puntualizó que en elecciones previas el INE no ha separado estos conceptos y que en la práctica los votos nulos y los recuadros no utilizados deben considerarse de forma conjunta, lo que representaría una tasa de voto inválido superior al 23%, más del doble del porcentaje que el INE reporta oficialmente como voto nulo.
Clasificación de votos y su impacto estadístico
Los Lineamientos aprobados por el INE en noviembre de 2024 para este proceso electoral establecieron reglas específicas para clasificar las marcas en las boletas. Según estos, una papeleta con “marcas en toda o la mayor parte, sin que sea posible identificar el sentido de un voto” es clasificada como “boleta con recuadros no utilizados”, categoría que incluye boletas totalmente en blanco, con tachaduras o leyendas, y que no fueron consideradas como votos nulos propiamente dichos.
El INE explicó que para contabilizar un voto como nulo, la papeleta debe contener marcas que impidan identificar claramente la intención del elector, como números inconsistentes con las candidaturas o inscripciones como “voto nulo”. No obstante, boletas con nombres de personas no candidatas o con dibujos y tachaduras no fueron consideradas en el conteo de votos nulos.
Implicaciones para la participación y el voto válido
El elevado porcentaje de votos nulos y no marcados afecta directamente la tasa de participación y el cálculo del voto válido. En esta elección, la participación ciudadana fue de apenas 13%, y al descontar los votos inválidos, la proporción de sufragios efectivos se reduce aún más, evidenciando una participación limitada en este proceso electoral extraordinario.
El fenómeno de votos anulados o no marcados se interpreta como una forma de expresión ciudadana que refleja descontento o rechazo a la elección judicial, además de la abstención tradicional. Sanginés advierte que esta modalidad de rechazo debería sumarse a la abstención para entender mejor el nivel de legitimidad del proceso.
Contexto histórico y comparación con elecciones previas
En comparación con elecciones federales anteriores, la proporción de votos nulos en este proceso es inusual. La elección federal de 2015 había registrado el récord anterior con un 4.76% de voto nulo, cifra considerablemente menor que el 10.8% de votos nulos y el 23% si se suman los recuadros no utilizados de esta elección judicial.
Esta situación plantea un escenario sin precedentes en cuanto a la anulación masiva de votos y la complejidad en la interpretación de la voluntad ciudadana en un proceso donde la confianza y la participación parecen cuestionadas.
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