En un contexto de creciente incertidumbre, la última Encuesta Mensual de Expectativas del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) revela que se espera un modesto crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México para 2024 del 1.5 por ciento, inferior al 1.7 por ciento proyectado en agosto. Para 2025, las proyecciones son aún más pesimistas, con un pronóstico de crecimiento del 1.3 por ciento.
La disminución en las expectativas de crecimiento se atribuye a varios factores, entre los que se destacan la desaceleración del consumo privado y una notable contracción en la inversión fija bruta, la cual retrocedió en junio. Además, el crecimiento del empleo registrado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha alcanzado un 1.8 por ciento anual, la cifra más baja en 40 meses, lo que refleja una tendencia preocupante en la generación de nuevos puestos de trabajo.
El informe del IMEF también indica que la actividad manufacturera ha estado en contracción durante cinco meses consecutivos. Por otro lado, aunque el sector no manufacturero ha mantenido una expansión durante 31 meses, se encuentra cerca del umbral de 50, lo que sugiere una desaceleración en el crecimiento de los sectores de servicios y comercio.
La incertidumbre política en torno a las reformas constitucionales y la posible eliminación de organismos autónomos ha generado desconfianza entre los inversionistas. Esto ha contribuido a la depreciación del peso mexicano, que ha caído más del 15 por ciento en lo que va del año, con un tipo de cambio proyectado de 19.80 pesos por dólar para diciembre. La encuesta también anticipa que la tasa de política monetaria se reducirá a 10.25 por ciento al final del año, lo que podría influir en la inversión y el consumo.
Economistas advierten que, si no se implementan medidas para restaurar la confianza en las instituciones y asegurar un entorno favorable para la inversión, el crecimiento económico podría estancarse o incluso volverse negativo en 2025. La necesidad de inversión privada como motor del crecimiento es más urgente que nunca, especialmente en un contexto en el que se proyecta un déficit público del 5.9 por ciento del PIB para el cierre de 2024.
En conclusión, la economía mexicana enfrenta un panorama desafiante, con expectativas de crecimiento a la baja y un entorno de inversión incierto. La capacidad del país para revertir esta tendencia dependerá de la implementación de políticas que fomenten la confianza y la inversión, así como de la estabilidad política en los próximos meses.
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