De acuerdo con información de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, (OCDE), México ocupa el primer lugar en abuso sexual de menores y los papás y abuelos son los principales agresores sexuales de niñas y niños.
Las denuncias superan los 600 mil casos, de acuerdo con cálculos realizados por la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (ADIVAC) y resulta relevante visibilizar estos casos, para que más personas levanten la voz y fomentar la prevención.
Cada año, 4.5 millones de niñas, niños y adolescentes son víctimas de abuso sexual en México, una cifra alarmante, sobre todo porque de acuerdo con la organización para la infancia Aldeas Infantiles, seis de cada 10 agresiones surgen en casa de los menores y en el 60 por ciento de estos casos los agresores son papás, tíos, primos o amigos de la familia.
Un estudio realizado por el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México arrojó que los principales agresores de niños son familiares, en segundo lugar están los maestros y en tercero, los sacerdotes.
Desafortunadamente, a pesar de que México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil, no existe el presupuesto necesario para hacerle frente a este serio problema, puesto que solo el uno por ciento de los recursos para la infancia se utiliza para fomentar la prevención y protección de los menores, de acuerdo con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
De acuerdo con la OCDE, de cada mil casos de abuso sexual en contra de menores en México, solo 10 son denunciados, y desafortunadamente sólo el 10 por ciento de estos son atendidos por un juez. Tan solo al uno por ciento se le aplica la ley, con una sentencia condenatoria.
La OCDE y otras organizaciones dicen cómo identificar estos casos.
De acuerdo con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, hay algunas señales de advertencia en niños, los cuales se basan en comportamiento físicos, estos son:
- El menor parece distraído o distante.
- Presenta pesadillas o tiene problemas para dormir sin ninguna explicación.
- Su apetito cambia, no tiene ganas de comer o por lo contrario, tiene mucha hambre y en ocasiones hasta atracones.
- Tiene cambios de humor repentinos, siente miedo, inseguridad, etc.
- Da paso a conversaciones sobre abuso sexual de manera sutil.
- Le tiene miedo a ciertas personas o sitios.
- Dibuja cosas extrañas e incluso aterradoras.
- Habla sobre algún amigo nuevo, que suele ser mayor.
Asimismo, se puede presentar algunos signos físicos de abuso, tales como:
- Dolor o sangrado en sus genitales e incluso en la boca
- Infecciones vaginales
- Sienten dolor al orinar
- Tienen problemas para pasar la comida, les duele
En caso de detectar alguna o varias de estas señales, lo primero es mantener la calma, juntar la mayor cantidad de información posible, e intentar hablar con el niño o niña, para después solicitar ayuda con la policía o con algún servicio de protección infantil.
Cabe destacar que es muy importante que tanto el niño como los padres busquen ayuda de profesionales.
Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.







