La cartera vencida de los créditos bancarios otorgados a los hogares en México ascendió a 61 mil 695 millones de pesos al cierre de abril, lo que significó un incremento del 7.2% en comparación con el inicio de año, informó el Banco de México (Banxico). Con este resultado, el primer cuatrimestre registró niveles históricamente elevados de morosidad, a diferencia del descenso observado en el mismo periodo del año anterior.
Evolución mensual del saldo moroso
De acuerdo con las estadísticas del banco central, el año anterior concluyó con un saldo vencido de 57 mil 540 millones de pesos, el cual descendió marginalmente en enero a 57 mil 504 millones de pesos. No obstante, en febrero se presentó un repunte del 8.6% que elevó la cifra a 62 mil 473 millones de pesos, consolidándose como el mayor nivel de morosidad registrado en el país.
Posteriormente, en marzo se identificó una contracción de 961 millones de pesos para ubicarse en 61 mil 512 millones de pesos, antes de volver a incrementarse durante abril hasta los 61 mil 695 millones de pesos. Al realizar el comparativo anual, el saldo de abril de este año supera en un 35% a los 45 mil 532 millones de pesos reportados en el cuarto mes del año pasado, lo que representa una diferencia nominal de casi 16 mil millones de pesos.
Causas del incremento y factores de riesgo
En su Reporte de Estabilidad Financiera, el instituto central detalló que el indicador de impago aumentó en todos los componentes del financiamiento al consumo, mostrando un avance de carácter «pronunciado en prácticas personales». Banxico explicó que el origen de este comportamiento responde a políticas de selección de clientes con perfiles de mayor riesgo dentro de determinadas instituciones financieras, aunque aclaró que la situación no representa un deterioro sistemático del sistema.
Asimismo, el organismo regulador advirtió que el conflicto bélico en Medio Oriente ejerce una presión al alza sobre las cotizaciones internacionales de diversas materias primas. Esta coyuntura externa incrementa los costos de producción de ciertos bienes de consumo, lo cual podría reducir los ingresos disponibles de las familias, complicar el cumplimiento de los pagos vigentes y presionar al alza los índices de morosidad en los meses subsecuentes.
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