Un vuelo de la aerolínea Turkish Airlines, que cubría la ruta entre Estambul y Barcelona, realizó un aterrizaje de emergencia en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat tras detectarse una amenaza de bomba a bordo. Las autoridades españolas confirmaron, tras una inspección exhaustiva, que se trató de una falsa alarma provocada por el nombre de un punto de acceso a internet inalámbrico creado por un pasajero.
Activación de protocolos de seguridad
El incidente ocurrió cuando la aeronave se aproximaba a su destino. La tripulación detectó que un pasajero había habilitado un punto de acceso Wi-Fi (hotspot) cuyo nombre contenía una referencia a un explosivo. Ante el hallazgo, se notificó de inmediato a las autoridades, quienes ordenaron el aterrizaje de precaución para aplicar los protocolos internacionales de seguridad aérea.
Una vez en tierra, la Guardia Civil coordinó la evacuación ordenada de todos los pasajeros. El operativo incluyó el uso de perros entrenados en detección de explosivos y la revisión individual del equipaje en la pista del aeropuerto, según confirmaron fuentes policiales y registros visuales del momento.
Resultado de la inspección y operatividad
Tras concluir las labores de revisión, las autoridades determinaron que no existía ninguna amenaza real. El operador aeroportuario AENA informó que el Aeropuerto de Barcelona-El Prat mantuvo su operatividad habitual, sin registrar cancelaciones masivas ni afectaciones prolongadas en otros itinerarios de vuelo a raíz del suceso.
Consecuencias legales para el responsable
La Guardia Civil anunció la apertura de una investigación judicial para identificar al propietario del dispositivo que originó la alerta. En España, las amenazas falsas de este tipo se consideran un delito grave debido al despliegue de recursos de emergencia, el riesgo generado a la seguridad aérea y el pánico causado entre los usuarios y la tripulación.
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