#OPINIÓN: DATOS CON VALOR / POR: ABRAHAM ISAAC VERGARA CONTRERAS
La historia de México parece tener una extraña predilección por repetir apellidos y promesas de transformación. Dos figuras destacan en este escenario: José López Portillo, el presidente que nos prometió «administrar la abundancia» y terminó administrando crisis; y Andrés Manuel López Obrador, el líder de la autoproclamada «Cuarta Transformación» (4T), que busca ahora a través de Claudia Sheinbaum redefinir el rumbo del país. Aunque separados por décadas, las similitudes entre ambos son tan evidentes que uno podría preguntarse si estamos atrapados en un ciclo histórico, especialmente en lo que respecta al manejo de las pensiones y el endeudamiento.
El Petróleo: La Piedra Filosofal de Ambos López
López Portillo ascendió al poder en 1976, en medio de una bonanza petrolera que hizo creer a muchos que México estaba destinado a ser una potencia económica. Con los precios del petróleo por las nubes, su gobierno decidió embarcarse en una orgía de gasto público, confiando en que el oro negro financiaría sus sueños de grandeza. ¿El resultado? Una deuda externa que pasó de 20,000 millones a más de 80,000 millones de dólares, una devaluación monumental y una crisis económica que dejó al país tambaleándose.
Avancemos al pasado reciente y al presente. López Obrador y su sucesora, con su visión de rescatar la soberanía energética, han invertido miles de millones en proyectos como la refinería de Dos Bocas y la revitalización de PEMEX, una empresa que muchos consideran un barril sin fondo. Mientras el mundo avanza hacia energías limpias, México apuesta por el petróleo como si estuviéramos en los años 70. La historia, al parecer, es un ciclo interminable de decisiones cuestionables.
El Uso de los Fondos de Pensiones: Entre el Despilfarro y la Redistribución
Durante el sexenio de López Portillo, los fondos de pensiones no estuvieron exentos de controversia. Se señala que su administración utilizó recursos destinados a las pensiones para fines cuestionables, como la adquisición de teatros y equipos de fútbol. Esta desviación de fondos contribuyó a una crisis de insolvencia en el sistema de pensiones, obligando al país a endeudarse aún más para cumplir con las obligaciones hacia los jubilados, una deuda que sigue creciendo hasta la fecha.
Por otro lado, López Obrador ha implementado la creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar, con el objetivo de garantizar que los trabajadores se jubilen con el 100% de su salario. Sin embargo, este fondo se financiará, en parte, con recursos de cuentas inactivas de las Afores de personas mayores de 70 años, lo que ha generado críticas y dudas sobre la sostenibilidad y equidad de esta medida. Aunque la intención es loable, algunos cuestionan si esta estrategia es una solución estructural o simplemente un parche temporal que podría comprometer las finanzas públicas a mediano plazo.
Política de Austeridad: ¿Virtud o Populismo?
Ambos López han enarbolado la bandera de la austeridad. López Portillo implementó medidas de control del gasto público, aunque su definición de austeridad incluía la construcción de una lujosa residencia presidencial conocida como «La Colina del Perro». Porque, claro, nada dice «austeridad» como una mansión digna de la realeza.
López Obrador, por su parte, Sheinbaum reafirmando, han promovido una «austeridad republicana» y hasta han comentado “pobreza franciscana”, recortando salarios de altos funcionarios y eliminando fideicomisos. Sin embargo, sus megaproyectos faraónicos, como el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, parecen contradecir su discurso austero. Es como si dijera: «No gastemos en tonterías como ciencia o cultura; mejor construyamos trenes y refinerías que nadie pidió».
Relación con el Sector Privado: Del Amor al Odio
López Portillo comenzó su mandato buscando una reconciliación con el sector empresarial, pero terminó nacionalizando la banca en un arrebato digno de una telenovela. Su famosa frase «¡Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear!» quedó grabada en la memoria colectiva, aunque muchos se preguntan si hablaba de los banqueros o de su propio gobierno.
López Obrador y Sheinbaum han mantenido una relación tensa con el sector privado, acusando a empresarios de ser parte de la «mafia del poder». Aunque no ha llegado al extremo de nacionalizar industrias, su retórica y políticas han generado incertidumbre en los mercados. Es como si dijeran: «Confíen en mí, pero no demasiado».
Política Social: Populismo Disfrazado de Justicia
Ambos presidentes (aunque en realidad son tres, si incluimos a la presidentA) han buscado ganarse el favor del pueblo a través de políticas sociales. López Portillo incrementó el gasto en programas sociales, financiados con deuda y petróleo. Cuando el petróleo dejó de ser el salvavidas que prometía, el país se quedó sin flotador y con una losa sobre los hombros.
López Obrador ha implementado programas como «Sembrando Vida» y «Jóvenes Construyendo el Futuro», financiados con recortes a otros sectores y una fe ciega en que el petróleo seguirá siendo rentable. Porque, al parecer, nada enseña más que repetir los errores del pasado.
¿Transformación o Retroceso?
La historia de México con los «López» y Sheinbaum al mando parece una tragicomedia en la que los mismos errores se repiten con diferentes actores. Llegaron al poder con promesas de transformación y justicia social, pero sus políticas económicas y decisiones cuestionables han llevado al país a crisis y retrocesos. Quizás sea hora de que México aprenda de su historia y evite caer en el encanto de líderes que prometen el cielo pero terminan dejándonos en el infierno.*Opinión personal. Coordinador de la Maestría en Finanzas en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).
Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.









