Claudia Sheinbaum hará historia al convertirse en la primera mujer presidenta de México. Su investidura se llevará a cabo en una solemne ceremonia en el Congreso de la Unión, donde recitará el tradicional juramento presidencial, tal como lo establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
El juramento que pronunciará Sheinbaum consta de 61 palabras que sintetizan el compromiso que asume como mandataria. Según el Artículo 87 de la Constitución, la presidenta electa deberá declarar: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande”.
Este acto protocolario tiene una rica historia que data de más de 200 años. Desde su creación en la Constitución de Cádiz de 1812, el juramento ha sufrido diversas modificaciones, adaptándose a las transformaciones políticas y sociales de México. Originalmente, el juramento estaba profundamente ligado a la monarquía española y a la religión católica. En la Constitución de Cádiz, el presidente o rey juraba «por Dios y por los Santos Evangelios» y prometía defender la religión católica apostólica romana.
Con la consumación de la Independencia de México y la promulgación de la Constitución Federal de 1824, el juramento adquirió un carácter más republicano, aunque mantuvo su componente religioso. El presidente juraba por Dios y los Santos Evangelios, comprometiéndose a ejercer fielmente el cargo y a guardar la Constitución y las leyes federales.
El cambio más significativo llegó con las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857, que eliminó el componente religioso y estableció una protesta laica. Esta transformación reflejaba la separación de la Iglesia y el Estado, así como el avance hacia un gobierno secular. Desde entonces, el juramento se enfocó únicamente en el cumplimiento de la ley y el bienestar de la Nación.
En la Constitución de 1917, se hicieron ajustes de redacción que dieron forma al texto del juramento tal como lo conocemos hoy. Desde entonces, el juramento presidencial ha permanecido inalterado en su esencia, siendo repetido sexenio tras sexenio por cada nuevo presidente de México.
Sin embargo, en 2006, la toma de protesta presidencial enfrentó un reto sin precedentes. La controvertida elección de ese año, en la que Felipe Calderón derrotó a Andrés Manuel López Obrador por un margen estrecho, provocó una protesta masiva de los legisladores de la coalición opositora. El Congreso fue bloqueado y Calderón tuvo que rendir protesta en medio de una caótica sesión. Este evento llevó a la reforma del Artículo 87 constitucional, permitiendo que, en casos extraordinarios, el presidente electo pueda rendir protesta ante el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia, la evolución del juramento presidencial sigue reflejando la adaptación de la política mexicana a las nuevas realidades sociales. Este 1 de octubre, al pronunciar las palabras solemnes, Sheinbaum no solo continuará una tradición de más de dos siglos, sino que también marcará un nuevo capítulo en la historia del país, siendo la primera mujer en hacerlo.
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