El escenario está listo y las cámaras están ajustadas para capturar cada gesto, cada palabra, del segundo debate presidencial. El INE ha tomado medidas meticulosas para asegurar un evento fluido y sin contratiempos, después de las controversias que surgieron en el primer encuentro. En un esfuerzo por evitar roces innecesarios, se ha diseñado un set donde los candidatos permanecerán de pie durante todo el debate, separados de los periodistas y moderadores.
La consejera Karla Humphrey ha liderado el proceso, asegurando que se mantenga un ambiente de imparcialidad y respeto. Después de que una candidatura expresara molestias por contacto visual en el debate anterior, se ha implementado una regla estricta: esta vez, aunque se permitirá el ingreso de consejeros y moderadores, no habrá contacto visual directo con los candidatos.
Detrás de la escenografía de tonalidades claras y luz blanca, se esconde una logística compleja. El costo de renta del lugar y la construcción del foro se mantienen en reserva hasta después del evento, pero se estima que se mantendrá dentro del rango del debate anterior. Con una duración prevista de casi dos horas, divididas en cuatro bloques en lugar de tres, se espera que los candidatos tengan más espacio para exponer sus ideas y responder a los temas propuestos.
La flexibilidad será clave en este debate. Los contendientes contarán con más libertad para expresarse, promete Humphrey, mientras cada consejero determina de forma personal su asistencia al evento. Sin embargo, la regla de no contacto visual con las candidaturas se mantiene firme, recordando los incidentes del pasado. Con todos los preparativos en su lugar, las miradas se vuelven hacia el escenario, donde en unas horas se desatará el intercambio de ideas, propuestas y argumentos que marcarán el rumbo político del país.
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