Discursos polémicos conmemoran CV Aniversario de la Constitución Mexicana

Por: Redacción | 7 de febrero de 2023, 2:12 pm CST

Pluralidad Contemporánea / Antonio Lozada

El día 5 de Febrero de 2023 marcó el CV Aniversario de la Promulgación de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, y con ello se llevaron a cabo diversos discursos conmemorativos en todo el país. Sin embargo, algunos de estos discursos han generado controversia y polémica entre la población y los líderes políticos. Desde declaraciones controvertidas hasta nuevos protocolos en el orden de sentar a los invitados, estos discursos han sido tema de debate en los medios de comunicación y en las redes sociales. En esta nota, compartimos los discursos más polémicos de este importante día en la historia de México.

Discurso de Norma Lucía Piña Hernández, presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señoras y señores:

Nos reúne uno de los actos de mayor relevancia y significado de las efemérides nacionales. Hoy tengo el enorme orgullo de pronunciar estas palabras en representación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal. El orgullo, pero sobre todo, la responsabilidad se potencian por un hecho: por primera ocasión en nuestra historia una mujer preside el Poder Judicial de la Federación.

No es un logro personal, es un indicativo de avance social. Sepan todas y todos que trabajaré porque esta representación en el Poder Judicial Federal se traduzca en una auténtica reducción de las brechas de género y, consecuentemente, en una sociedad más justa e igualitaria.

Hace 106 años, en esta Ciudad, encabezados por Venustiano Carranza, 218 diputados, provenientes de toda la República, con muy distintas profesiones y oficios: abogados, pensadores, médicos, maestros, militares, ferrocarrileros, topógrafos, telegrafistas, integrantes de todo el abanico social de nuestro país, se reunieron para reformar, en principio, la Constitución de 1857. Pero fueron mucho más allá: encauzaron las reivindicaciones sociales emanadas de la Revolución mexicana, dando luz, en el mundo, a un pionero constitucionalismo social.

Repito las palabras de Donato Bravo Izquierdo, diputado constituyente: “Jamás he pretendido que el Congreso Constituyente de 1917… esté verificando una labor de perfecta sabiduría, pero sí creo que su obra es de evolución social, que hace conmover el cerebro y el alma del pueblo mexicano, ya que la Revolución le ofreció un horizonte de nueva vida que desconocía y que ha debido estudiar para obtener un progreso verdadero. Así, la sangre derramada en nuestras luchas intestinas no será estéril”, cierro comillas.

Las injusticias generan inconformidad, descontento, enojo, violencia. Pero para encontrar una verdadera solución a ellas, de largo plazo, se necesita crear conceptos, ideales, convicciones de lucha política, de fortalecimiento institucional.

Así ha sido en la búsqueda de igualdad entre las personas, con independencia de credos, de nacionalidades, condición económica, de orígenes étnicos o de género. Enfrentar estas injusticias ha sido el mejor motor de las causas de la humanidad.

Quienes se reunieron en este gran recinto supieron hacerlas suyas y plasmarlas en leyes, en instituciones, para salir de la guerra fratricida y construir la gran Nación que hoy conformamos. Esa es la lección que imponen estos muros, y que no debemos olvidar, ni menospreciar.

Hoy, nuestra Constitución, con centenares de reformas, contiene los fines, los objetivos, las grandes metas del proyecto nacional y reconoce los derechos inherentes de todas las personas. Sin embargo, la deuda histórica con sujetos en particular y con enormes sectores de la sociedad, persiste. Mujeres, personas en situación de pobreza y discriminación. La infancia, las personas con discapacidad, las y los migrantes, los individuos, personas, comunidades y pueblos indígenas, todos ellos nos exigen, recordando a Donato Bravo Izquierdo y a sus colegas diputados constituyentes que nos dieron una Nación, seguir preparándonos para obtener un verdadero progreso. Sólo el conocimiento y la convicción en nuestros valores procuran la libertad y la igualdad.

Evitemos encuentros estériles, reuniones anuales con bellos ejercicios de oratoria, para tras ello, volver al escritorio con la falsa sensación de un deber cumplido. Tenemos que esforzarnos más, cuestionar y cuestionarnos, replantearnos cómo lograr un cumplimiento cabal de nuestra Constitución.

La Ley Suprema tiene que ser una realidad en aras de la dignidad de cada persona, en aras, precisamente, de la consecución de los fines del proyecto nacional. La dignidad se construye día a día, con respeto entre los individuos, entre los poderes, e, incluso, entre las naciones.

Para hacer frente a esta enorme deuda histórica, el rol de quienes impartimos justicia, resulta crucial. Así lo asumo, así lo asumimos.

Nuestra principal responsabilidad es garantizar el acceso a la justicia, viendo por la dignidad humana a través de la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos contenidos en nuestra Constitución.

Conforme al paradigma de la centralidad de los derechos humanos, el Poder Judicial —guiado por la Constitución— no sólo resuelve las controversias, no sólo pacifica los conflictos, sino que también promueve y cataliza el cambio social.

No es accidental que en el vestíbulo principal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación esté grabado el apotegma: “somos siervos de la ley suprema para poder ser libres”. Nuestro actuar debe estar apegado al derecho para —de cara a la sociedad— rendir cuentas en el ejercicio de nuestra función. Los juzgadores estamos siempre sujetos al imperio de la ley, pero nuestra función no se limita a una aplicación formal.

Por mandato constitucional, la impartición de justicia exige también interpretar atendiendo a los valores y principios inmersos en las normas. Esta importantísima labor, la realizamos como seres sociales, insertos en una cultura política, con diversos perfiles éticos, que se proyectan inevitablemente en nuestra labor. La diversidad entre quienes impartimos justicia, no sólo es inevitable, es deseable.

Es sano y necesario ponderar la actividad de los jueces en virtud de las resoluciones que emiten, y nunca perder de vista la independencia judicial —la de los juzgadores y la de uno de los poderes constitutivos de la República. Una judicatura independiente es pilar de nuestra democracia. Es el legado que nos transmite nuestra ley fundamental.

Tenemos la responsabilidad de preservarla y fortalecerla. De lo contrario, corremos el riesgo de mermar esa garantía en detrimento de las propias personas que nos demandan justicia.

La independencia judicial no es un privilegio de los jueces, es el principio que garantiza una adecuada impartición de justicia para hacer efectivas las libertades y la igualdad de las y los mexicanos. La independencia judicial es la principal garantía de imparcialidad del Poder Judicial, siempre, en beneficio de la sociedad.

Señoras y señores:

Como Ley suprema, la Constitución es un inmenso y muy poderoso manto protector de certeza, de confianza, de seguridad y, sobre todo, de unión entre las y los mexicanos. Nos obliga a todas las autoridades, en el ámbito de nuestras competencias a promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y —muy destacadamente— progresividad.

Hoy, les invito a que trabajemos, hombro con hombro, por el bien de nuestro país, para dar ejemplo de que, en la unidad nacional, somos dignos herederos de nuestra historia.

La Constitución es el pacto federal que nos permite superar nuestras diferencias y estar de acuerdo en lo fundamental, como lo expresara Mariano Otero. Es el centro de gravedad donde convergen los fines y los entramados institucionales para llegar a ser el México que podemos y debemos ser. De la Constitución emanan todas las leyes, en ella están plasmados nuestros derechos y libertades. En la Constitución ésta la organización y el funcionamiento de nuestra República. Nuestro compromiso con México es cumplirla y velar por su cumplimiento.

Hagámoslo posible. Les aseguro a todos que cuentan con el Poder Judicial Federal. Muchas gracias.

2.- Discruso:

SANTIAGO CREEL MIRANDA, PRESIDENTE DE LA MESA DIRECTIVA DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS:

El México independiente nace de un diálogo entre dos personas muy distintas: Guerrero e Iturbide. Sus orígenes, formación y temperamentos en nada se parecen; aun así, el diálogo prosperó, sus diferencias se superaron, la independencia se logró, pero no la paz. El fallido intento de imperio de Iturbide rompe ese diálogo. Apenas hubo tiempo para recomponerlo y acordar el Acta Constitutiva y la Constitución de 1824.

Tampoco la paz se aseguró. Federalistas y centralistas prefirieron el diálogo y los acuerdos con potencias extranjeras antes de dialogar y acordar entre mexicanos.

La revolución de Ayutla termina con la infausta dictadura de Santa Anna y apenas el diálogo alcanza para acordar la Constitución del 57, y con ella simultáneamente empieza la guerra de Reforma.

Cuando concluye, la paz tampoco se sostiene, la lucha continúa para combatir la intervención francesa y el imperio usurpador.
Durante la accidenta vigencia de la Constitución del 57 surgen los excesos reeleccionistas, primero con Juárez, justificados por la intervención extranjera, aunque luego volvió a reelegirse en 1871.

Díaz hace de la reelección una forma de gobierno, su régimen se transforma en una dictadura que no dialoga, no acuerda y provoca la revolución maderista. Y esa revolución con Madero asesinado da origen a otras muchas revoluciones: primero justificadamente en contra de Huerta, después entre los mismos revolucionarios, lo que deriva en una guerra fratricida.

En la Convención de Aguascalientes los revolucionarios buscan un nuevo entendimiento, pero el diálogo y los acuerdos tampoco fructificaron.

Finalmente, la revolución constitucionalista triunfa con Venustiano Carranza, quien convoca a un nuevo constituyente. Después de un intenso debate entre moderados y radicales, se acuerda, finalmente la Constitución de 1917, la cual inaugura una nueva época en la historia de nuestro derecho constitucional, pero también en la historia del mundo.

Los constituyentes superaron sus intereses de facción, tuvieron la inteligencia y el carácter para pasar de los adjetivos hirientes a los sustantivos catalizadores de acuerdos, transitaron de la diatriba al argumento y de las armas a la Constitución. El diálogo triunfó sobre la división y eso es precisamente lo que hoy celebramos.

La Constitución de 1917 fue la primera del siglo XX en incluir los derechos sociales, una educación pública obligatoria, gratuita, laica; la subordinación de la propiedad privada al interés general y el sometimiento del capital a los derechos de los trabajadores.
Al poco tiempo de su promulgación, los revolucionarios volvieron a desdeñar el diálogo, sus causas se frustraron y la disputa por el poder se encarnizó. La violencia cobró la vida de casi todos los liderazgos revolucionarios, además de las de Madero y Pino Suárez al inicio de la lucha; cegó las vidas de Zapata, Ángeles, Carranza, Villa, Obregón y muchos más.

Concluida la Revolución, la paz se volvió a quebrar. La falta de diálogo de Calles con la Iglesia provocó la guerra cristera, que pudo haberse evitado y con ello la pérdida de más de 250 mil vidas.

Terminado el conflicto religioso, el país se pacifica, pero no a través de la visión maderista, sino mediante la imposición de una nueva hegemonía. Al instalarse, se rompen los acuerdos democráticos que se habían logrado en la Constitución de 1917.

La nueva hegemonía no dialoga; impone, simula, se arropa en el principio de la no reelección, crea un partido que dura en el poder más del doble del tiempo que el de la dictadura de Díaz. Su mérito es que logra, eso sí, un periodo de crecimiento, aunque gobierna sin diálogo, sin diálogo plural e incluyente.

Emerge la guerra sucia, el conflicto estudiantil de 1968 que acaba en una masacre, se repite el Jueves de Corpus de 1971. El 2 de octubre no se olvida y nosotros nunca, nunca debemos de olvidar que fue la falta de diálogo del régimen lo que provocó esas matanzas. La violencia política alcanza igualmente a la oposición, los conflictos poselectorales de los años 70 y 80 también cobraron muchas vidas.

El partido hegemónico acabó por escuchar, por dialogar y por lograr, junto con la oposición, su apertura democrática. Sin esa voluntad, que hoy debemos de reconocer, difícilmente se hubiera dado un cambio político en paz y por la vía de las instituciones. Eso fue lo que a nuestra generación nos tocó atestiguar, pero también participar y a muchos de los integrantes de este presídium, que empujamos el proceso de transición democrática del país.

La cuestión electoral monopolizó el diálogo de la transición, y no era para menos, prácticamente todo el siglo XIX y el siglo XX las elecciones fueron lo que dominó el debate. Y el siglo XX, cuando hubo elecciones, fueron casi todas ellas, en sus muchos años antes de que empezara el proceso de transición democrática, fueron meramente nominales.

Hoy, después de dos alternancias federales incuestionables, era de esperarse que hubiéramos arribado a un amplio consenso en torno a las instituciones y a las reglas electorales. Esto no es así. Nuevamente los acuerdos se frustran. Lo que debe resolver la política y el diálogo, eso nos toca a nosotros, incompresiblemente el tribunal constitucional lo tendrá que dirimir.

Rectifiquemos, aún estamos a tiempo, no tenemos por qué repetir los errores del pasado. La política es también conciliación de intereses encontrados. Todos, absolutamente todos, tenemos el derecho de defender nuestras creencias, nuestras ideologías y nuestras posiciones política, el límite es la Constitución, los tratados internacionales que también son ley de la nación y, por supuesto, el respeto a la visa institucional.

No hay más moral política que la Constitución, esa es la moral de todos quienes somos servidores públicos. Con eso en mente, desterremos de una vez por todas nuestras diferencias y confrontaciones, particularmente las que hubiese habido en el pasado. Ahora son tiempos de coincidir, son tiempos de reconciliación; después, después vendrán tiempos para competir en la arena política electoral.

La falta de diálogo también se extiende a los asuntos fundamentales para el bienestar de la nación. Existe desacuerdos sobre el combate a la violencia, la seguridad pública, la cuestión social, la económica, la impunidad y la corrupción. A pesar y muy a pesar de que estos asuntos están acordados en la Constitución, algunos de ellos inclusive desde 1917 y, sin embargo, el desacuerdo prevalece no en los fines que persiguen nuestras normas constitucionales, sino en los medios para darles cumplimiento. Ahí es donde está el gran reto que tenemos como mexicanas y mexicanos.

Es un gran equívoco pensar que los programas del país pueden resolverse con ordenamientos constitucionales que no se cumplen o, peor, con cambios a la Constitución o a las leyes, como si por el mero hecho de reformar una norma la realidad automáticamente cambia.

Cada administración busca dar solución a los problemas que enfrenta mediante la realización de su propio proyecto de gobierno, ese es el sentido de la alternancia, para eso sirven las elecciones, pero ese proyecto invariablemente debe estar contenido dentro de nuestra Constitución.

El pueblo es y siempre ha sido muchos Méxicos, no sólo uno y menos uno homogéneo. El principio democrático es que la mayoría decide, de eso no hay duda y no hay debate, la cuestión es cómo decide, se incluye o no a quienes piensan distinto. Al excluirlos, se deja fuera parte del pueblo, se mancilla la soberanía.

El reto de nuestra generación, el gran reto, es encontrar a través del diálogo, del diálogo político, la unidad dentro de esta vasta pluralidad y diversidad que es México, no a través de una visión única, eso contradice la esencia de nuestra democracia.

Quienes nos precedieron hicieron constituciones innovadoras, no hay duda, la primera de dimensión social, nadie, absolutamente nadie debate ello, todo esto es cierto, pero —y este ‘pero’ es exacto porque su cumplimiento cabal ha sido el meollo de nuestra historia constitucional— José María Lafragua, un gran liberal del siglo XIX ya advertía este problema cuando afirmó:

‘Si la Constitución ha de ser una verdad, es preciso que no contenga promesas, sino preceptos; no una esperanza en el porvenir, sino una realidad para el presente; no principios puramente teóricos, sino disposiciones que puedan realizarse. De lo contrario haremos un hermoso libro de derecho político, pero no una carta fundamental de la República’. Cierro la cita.

Hoy más que nunca es hora de dialogar, es hora de dialogar para hacer realidad nuestra Constitución, para aplicarla, para ejecutarla, para que en esos medios podamos convenir los grandes acuerdos de la nación, y esos grandes acuerdos de la nación que se traduzcan en el bienestar social del pueblo de México. Esa es la mejor manera de honrar nuestra Constitución de 1917 promulgada un día como hoy hace 106 años.

Muchas gracias.

3.- Discurso:

ALEJANDRO ARMENTA MIER, PRESIDENTE DE LA MESA DIRECTIVA DEL SENADO DE LA REPÚBLICA:

A 106 años de la promulgación de nuestra Constitución, esta, esta Constitución del 17 se consolida como la base de la estructura, organización y funcionamiento de la República, y expresión de los derechos fundamentales de las y los mexicanos.

Este proceso ha tenido varias etapas innegables históricamente. Durante la Independencia y la etapa de Reforma, muchos hombres y mujeres, que no describe la historia, que están en el anonimato, nacionalistas y liberales, materializaron los sentimientos de una sociedad que luchó por su independencia y soberanía.

La separación del Estado y la Iglesia fue tan importante como lo es hoy y será en el futuro la separación del poder económico y del poder político para el beneficio de las y los mexicanos.

La Constitución del 17 sí incluyó por primera vez en su texto el derecho a la educación, al trabajo, a la seguridad social, a la tierra.
Los movimientos sociales de esa etapa revolucionaria quedaron plasmados en ese año en la Constitución. En este mismo recinto donde hoy nos encontramos se protestó firmó la Constitución que inscribió garantías y derechos humanos, y proclamó la soberanía.

En ese entonces todos los constituyentes eran hombres; hoy, es una realidad, hay paridad de género y estamos avanzando.
A partir del 2018, por mandato soberano de más de 30 millones de mexicanos, ha iniciado la cuarta etapa de la transformación de México. El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador encabeza, acompañado del Poder Legislativo y sin menoscabo de la independencia entre los poderes públicos, esta fase histórica de nuestra nación.

Las siguientes reformas constitucionales son el reflejo del humanismo mexicano que caracteriza esta cuarta etapa transformadora:

  • Aprobamos en el Congreso la Ley de Austeridad Republicana, reclamo de los mexicanos.
  • Aprobamos una nueva reforma educativa.
  • Creamos la Ley de Economía Circular, para proteger la vida del planeta.
  • Creamos la Ley de la Guardia Nacional.
  • Reformamos la Ley General de Salud respecto al etiquetado nutricional. Somos el primer país en el mundo en obesidad infantil, el segundo lugar en obesidad en adultos mayores y la segunda causa de muerte en México es la diabetes mellitus.
  • Reformamos el artículo 108 y 111 para la revocación del mandato. El pueblo pone y el pueblo quita.
  • Reformamos el artículo 4º, para convertir las dadivas en derechos a favor de los adultos mayores, las personas con discapacidad y los jóvenes.
  • Reformamos en materia de salario mínimo y dimos vacaciones dignas.
  • Reformamos los derechos en materia de mujeres y de niños.
  • Las reformas que hemos construido con el presidente de la República buscan eliminar el presidencialismo abusivo y materializar la separación del poder económico del poder político. Por eso aprobamos el artículo 19 de la Constitución en su reforma, para declarar como delito grave el fraude electoral, la corrupción y el robo de hidrocarburos, sinónimo de la corrupción del régimen presidencial.
  • Logramos la Ley de Extinción de Dominio.
  • Se creó la ley contra empresas fantasmas y facturación falsa, base del saqueo fiscal a la patria que tanto llena de indignación a la población.
  • Creamos la Ley del Juicio Político.
  • Y reformamos el artículo 28 de la Constitución, para eliminar la condonación de impuestos, que sólo beneficiaba a las empresas e intereses extranjeros.

Estas reformas, todas estas reformas, sin un constituyente, son el resultado del movimiento social que encabezó el presidente Andrés Manuel López Obrador. Por eso afirmo categóricamente como presidente del Senado, que el Humanismo Mexicano expresado por el Ejecutivo federal es un concepto válido, sustentado en la razón jurídica y en la esencia de todas estas modificaciones que hemos hecho a favor de las y los mexicanos, quienes nos exigen, ellos y ellas, legítimamente a todas y todos nosotros, autoridades, instituciones, representantes, entes autónomos del Estado, nos exigen los mexicanos sensatez e institucionalidad para hacer posible recuperar la nación y lograr una justa distribución de su riqueza y bienestar, porque eso no se habló en los discursos de hace un momento.

Es posible hacer patria, sí, sí es posible, hacer patria y hacer el bien en México si nos conducimos con estricto sentido a la aplicación del artículo 1º de la Constitución, que señala: ‘Todas las autoridades en el ámbito de nuestras competencias tienen la obligación de promover, de respetar, de proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con esos principios de universalidad, independencia y progresividad’.

Las reformas constitucionales que hemos hecho para honrar el 106 aniversario de nuestra Constitución le otorgan a México motores jurídicos de prosperidad para México.

Pasamos ya, ya pasamos del 17 al 2018 de instituciones políticas extractivas, que entregaron la riqueza nacional y nuestros recursos naturales al exterior, a la consolidación de las instituciones políticas inclusivas que permitirán el desarrollo de México para las próximas generaciones.

En breve, muy en breve, alcanzaremos la soberanía energética para poder aspirar a la soberanía financiera, para que el sueño mexicano de lograr la distribución justa de la riqueza se perciba en los hogares del país.

Esa, esa, señoras y señores, es la esencia concreta que inspiró a los fundadores de nuestra patria y a los reformadores de nuestras instituciones que hoy nos convocan a compartir el 106 aniversario de la Constitución Mexicana de 1917.

En conclusión, la Conmemoración del CV Aniversario de la Promulgación de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos ha generado discursos polémicos que han generado un gran impacto en la sociedad mexicana. Mientras algunos han sido elogiados por su contenido y entrega, otros han sido criticados y cuestionados por su forma y fondo. Sin embargo, lo importante es que estos discursos reflejan la diversidad de opiniones y perspectivas en el país y encienden un debate importante sobre el futuro de México. Esperamos que estas discusiones continúen en un tono respetuoso y constructivo, y que al final, el país pueda avanzar hacia un futuro más unido y justo para todos sus ciudadanos.


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