Más normal que la ficción / Sergio Lara García / @BlueGallade
Antes de entrar al tema en cuestión, quisiera que me permitan una breve tangente: formando parte de la generación nacida durante los años noventa, soy alguien bastante versado en el mundo de los videojuegos, y uno de los géneros con los que me encuentro con una relación “complicada” es, sin lugar a dudas, los juegos de disparos en primera persona.
Desde el perfeccionamiento que significaron los clásicos Wolfenstein y Doom, hasta la explosión de popularidad que significaron juegos como Advanced Warfare y Battlefield, este género representa al día de hoy uno de los más importantes en términos de ventas, popularidad e impacto en el zeitgeist cultural.
Aunque en lo personal no me interesa demasiado los juegos de este género centrados en el multijugador, he encontrado mucho aprecio en obras impulsadas por la historia como la saga de Bioshock, así como los que exploran todas las minucias de su gameplay como lo son Doom Eternal o Titanfall 2.
Quise aprovechar para inmiscuir este medio que tanto aprecio, ya que es lo único positivo que puede salir de la propuesta hecha por el dirigente del PRI, Alito Moreno, quien decidió promover la idea de “armar a la población” frente a la creciente violencia que se ha propagado durante el régimen de López Obrador.
Dicha propuesta contó sólo con el apoyo del mismo comité que ahora controla el exgobernador de Campeche, ya que no tiene el aval ni de los demás partidos de la oposición que conforman Va x México, o de las mismas elites del PRI, dado que figuras tan prominentes como la ilustre Dulce María Sauri y el coordinador de los Senadores del PRI, Miguel Ángel Osorio Chong, ya despotricaron abiertamente contra dicha propuesta.
Y es aquí donde quiero abrir dos flancos de crítica directa a la propuesta de Alito: su origen y su esencia. En primer lugar, la propuesta tiene un origen contrario a lo que significa la Alianza Opositora, de la cual tanto se jacta Alito, ya que el mismo se considera “indispensable” para su existencia.
Hacer una propuesta de dicho calado que se desea que verdaderamente tenga el impacto necesario, requiere de consensos entre las fuerzas partidistas, y más con las miras a un proyecto de nación rumbo a 2024.
En su esencia, sin embargo, es donde encuentro lo más preocupante, ya que demuestra una simpleza de pensamiento verdaderamente preocupante en cuanto a lo que se refiere a la creación de políticas públicas.
Es no entender el impacto político, económico y social que tendría armar indiscriminadamente a la población, así como demuestra una falta de sensibilidad que deberíamos tener los mexicanos al ser vecinos inmediatos de Estados Unidos, quienes llevan décadas sufriendo por masacres a manos de civiles armados.
Por más armados que estén, las armas en los “ciudadanos buenos”, nunca bastan para evitar que cada quince días tengan que llorar por el último ataque que cueste la vida de niños a manos “ciudadanos malos”, o mejor dicho, terroristas domésticos.
Lo más duro de esto es que, para ser el líder de un partido que quiere posicionarse en contra de las ocurrencias que plagan al partido oficialista, responde con propuestas que no son muy diferentes a “abrazos no balazos”, cuya complejidad para resolver los problemas es minúscula y que demuestra una clara intención populista y propagandista, frente a un problema que tiene a México sangrando cada día más.
Concluyo con tres pensamientos personales: dejemos las armas en el mundo de los videojuegos, atendamos el problema de seguridad en México con soluciones integrales, y parece ser que el apodo de “Amlito” no estaba tan lejos de la realidad.
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