La prohibición a las importaciones de ganado vivo mexicano ha provocado una contracción en la industria cárnica de Texas, valuada en 100 mil millones de dólares, y ha reducido la oferta nacional de ganado en Estados Unidos a su nivel más bajo en 75 años. Esta restricción comercial, sumada a una grave sequía, elevó los precios de la carne de res a máximos históricos, mientras que en México el sector ganadero se ha fortalecido al transitar de la venta de animales en pie a la exportación de carne procesada.
Impacto en los centros de engorda estadounidenses
La suspensión fronteriza fue implementada el año pasado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) para contener el avance del gusano barrenador del Nuevo Mundo, una larva parásita carnívora. Pese a la medida, esta semana se confirmó el primer caso de mosca barrenadora en 60 años en un rancho ganadero de Texas, lo que intensifica el desabasto de suministros.
Centros de engorda históricos como Lubbock Feeders, con 70 años de antigüedad en el oeste de Texas, se encuentran al borde del cierre debido a que los animales procedentes de México representaban la mayor parte de su materia prima. La empresa operaba antes con una capacidad de 40 mil cabezas de ganado y actualmente alberga sólo unas 4 mil.
«Si terminan alimentándolos y procesándolos en México, ¿cómo vamos a ganar? Les estamos dando en bandeja de plata la industria de engorda. Eso es trabajo, eso es mano de obra, eso es gente que no tiene la oportunidad de hacerlo aquí en Estados Unidos», manifestó Kyle Williams, gerente y copropietario de Lubbock Feeders.
Adaptación y crecimiento de la industria en México
Históricamente, Estados Unidos importaba más de un millón de cabezas de ganado al año desde México, equivalente a entre el 4% y el 5% del total destinado a la producción nacional de carne de vacuno. Con el cierre fronterizo, la mayor parte de ese ganado permaneció en el territorio mexicano, lo que impulsó la construcción de corrales de engorda y la ampliación de plantas de sacrificio locales.
De acuerdo con el principal consejo de productores de carne de México, las exportaciones mexicanas de carne procesada hacia Estados Unidos se dispararon un 23% durante los primeros cuatro meses de 2026. Estados como Coahuila aceleran la expansión de su infraestructura de empaque con certificación federal e internacional para dar valor agregado a los animales.
Rogelio Pérez, representante de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas de México, señaló que las circunstancias obligaron a la industria mexicana a adaptarse: «La ganancia por producir carne ahora se queda en México con un consecuente impacto en la industria americana».
Presión sobre procesadores y factores climáticos
El desabasto de ganado vivo ha afectado severamente a las empresas empacadoras estadounidenses. Procesadoras multinacionales como Tyson Foods registraron pérdidas financieras debido a que los costos operativos superaron los márgenes de ganancia de la carne vacuna, lo que obligó al cierre definitivo de una planta en Nebraska y al recorte de operaciones en Amarillo, Texas.
A este panorama se añade una sequía persistente en las Grandes Llanuras que destruyó cultivos destinados al forraje, limitando la capacidad de los rancheros norteamericanos para reconstruir sus rebaños. Aunque el presidente Donald Trump intentó frenar los precios de consumo mediante la autorización de importaciones con aranceles bajos desde Argentina, los productores locales explicaron que dicha política comercial desincentivó las inversiones a largo plazo en el campo estadounidense.
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