Más normal que la ficción / Sergio Lara García / @BlueGallade
Lamentablemente tengo que venir con otro texto donde mencione los descalabros de la oposición partidista. Hablar de los errores del Gobierno es sencillo, más cuando son tan evidentes a la vista, pero cuando la posibilidad de empezar una reconstrucción tras la destrucción institucional que vivimos se encuentra en los partidos de oposición, es igualmente necesario llamar la atención sobre sus errores.
Habiendo dicho esto, entremos en el tema a debate, que fue el llamado por parte de los Presidentes del PAN, PRI y PRD de una Moratoria Constitucional, donde los partidos se comprometían a no aprobar ninguna reforma constitucional en lo que queda del periodo del presidente López Obrador.
Esto en esencia parece una buena idea, y una evolución directa del buen trabajo que logró la oposición para evitar la aprobación de la Reforma Eléctrica, pero el diablo está en los detalles.
Si bien es cierto que buena parte de la oposición y de la ciudadanía afín a ella —incluso algunos Obradoristas— se oponen tanto a la Reforma de la Guardia Nacional como a la Electoral, —que ambas requieren una mayoría calificada—, la idea de la oposición va más allá de estas dos reformas, al plantear que ninguna Reforma Constitucional pasará en lo que queda de la Legislatura.
Esta idea a rajatabla ya demostró sus primeros problemas y la falta de dirección a la hora de plantearla. Primeramente, desde el megáfono presidencial, ya sirvió como una nueva arma de ataque del presidente contra los partidos de oposición; aprovechándose de la falta de conocimiento que tiene la ciudadanía en general sobre la labor Legislativa, ha llevado una narrativa de menosprecio a la moratoria, burlándose abiertamente de los partidos de oposición y de los legisladores.
Quienes estamos envueltos en el mundo del Legislativo, sabemos que la labor de los Parlamentarios va más allá de sólo reformar o hacer leyes, yendo desde el aspecto de representación política, el debate, la presupuestación y la fiscalización, por mencionar algunos.
Pero esto no lo sabe la mayoría de la ciudadanía, que muchas veces confunde los cargos o incluso busca atribuirles capacidades que los legisladores no tienen, y de lo cual se aprovecha López Obrador, para hacer campaña en contra de la oposición.
En este aspecto, la oposición falla en su mensaje, ya que la Moratoria Constitucional como la plantearon, envía señales que sólo sirven para sus bases, cuando en realidad debería apuntar tanto a los ciudadanos decepcionados por el Gobierno actual, como por la sociedad apática a la política, quienes son los que pueden cambiar el tablero a su favor rumbo a 2024.
El otro problema es que proponer una Moratoria Constitucional a rajatabla le quita elementos de negociación a los Legisladores, e incluso bloquea la posibilidad de pasar Leyes que deberían ser de consenso como la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar el Feminicidio, tema de azote nacional y que debería ser punto de coincidencia entre los diferentes actores políticos, pero que puede llegar a quedar fuera por la visión de oponerse a todas las Reformas Constitucionales.
Esto ya generó fracturas, como se vio con el Grupo Parlamentario del PRI en el Senado, el cual no fue consultado para la toma de esta decisión y demostró abiertamente su negativa a una Moratoria Constitucional como la plantearon los dirigentes de la Oposición.
Tanto el PRI como el PAN y el PRD deben de realizar una autocrítica desde sus dirigencias nacionales, ya que hacer a un lado a sus diferentes corrientes y liderazgos en la toma de decisiones lleva a que existan estos problemas dentro de los partidos, especialmente en el PRI, el cual tiene una crisis cada vez más aguda ante las acusaciones contra su dirigente nacional, Alito Moreno.
Si la Oposición de verdad quiere ser el contrapeso que necesitamos contra el derrumbe institucional que representa Morena, debe salir de sus círculos, hacer autocrítica honesta, pero sobre todo, buscar conectar con la ciudadanía y los problemas que hoy tienen a los mexicanos más pobres, más inseguros, y más hartos de la política partidista nacional.
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