Las cuentas alegres de muchos hombres que deberían de estar tristes

Por: Redacción | 7 de junio de 2022, 9:16 am CST

Más normal que la ficción / Sergio Lara García / @BlueGallade

Una historia que ha bordado en lo patético durante todos los procesos electorales competidos en nuestro país ha sido la tendencia a los triunfalismos adelantados durante los procesos electorales. Todavía no terminan de cerrar muchas casillas en el país y ya tenemos a toda la clase política mexicana vaticinando victorias por doquier, haciendo refrescante cuando un candidato que va en segundo lugar, pero que los números claramente no lo favorecen, admitir derrota frente a su contrincante.

Lamentablemente esta situación es cada vez más una excepción que una regla, y los comicios de 2022 han sido un ejemplo ilustrado de ello. A pesar de que “Va por México” logró mantener el bastión histórico del panismo de Aguascalientes y fortalecer su presencia en Durango con una alianza sorprendentemente bien tejida, esto es de lejos la “victoria” que pregonan en medios y comunicados.

En Tamaulipas, la elección más “cerrada” de todas (¿De cuando acá 8 puntos de diferencia es “cerrado”?), siguen en una especie de negación; en Hidalgo se hicieron realidad las predicciones de Humberto Moreira con una derrota de 2 a 1 del PRI, perdiendo uno de sus últimos bastiones históricos; mientras que tanto en Oaxaca y Quintana Roo los resultados para la oposición fueron francamente patéticos, resaltando este último donde la ciudadanía tuvo que votar entre tres morenistas en diferentes colores.

¿Así desea la Oposición plantearse como una alternativa para los ciudadanos? En cualquier otra democracia Occidental un resultado de este calado debería venir acompañado de una renuncia expedita y sin honores de Marko Cortés, Alito Moreno y Jesús Zambrano, tres hombres tristes que no aceptan que sus liderazgos se encuentran rebasados.

Pero vivimos en una partidocracia que premia a estos liderazgos, siempre y cuando logren mantener y cultivar sus cuotas internas. Pero Morena y su hombre triste particular tampoco “cantan mal las rancheras”, ya que tenemos a un Mario Delgado que, aunque sigue logrando consagrar triunfos para su marca, lo ha hecho tejiendo delicados hilos, tanto con la intervención del crimen organizado como sucedió en el 2021, como generando un clima tensión interna dentro de su partido.

Al elegir a los candidatos sólo por rentabilidad, pactos y el claro beneplácito presidencial, Mario tiene un enorme castillo de naipes bajo su vigila, que conforme nos acerquemos la elección presidencial podría llevar a una división y una guerra interna entre sus diferentes cabezas.

Delgado y Morena tienen que aprender que tener Gobernadores no transfiere inmediatamente votos para su eventual candidato a la Presidencia, y esa historia la conoce muy bien el PAN de Ricardo Anaya.

Punto y aparte para la “Tercera Vía” que supuestamente quiere representar Movimiento Ciudadano, obteniendo resultados paupérrimos en 5 de los 6 Estados, y donde su único resultado sobresaliente fue de la mano de un Morenista que improvisaron como candidato en Quintana Roo.

Tal vez para 2030 MC sea una opción política seria para la ciudadanía, pero para esto tiene todavía que existir democracia para ese punto. ¿Qué otro perdedor se lleva este proceso electoral? La ciudadanía, pero especialmente la militancia de los partidos, la cual hoy se encuentra atascada con liderazgos grises e incapaces de someterse a la tan necesaria autocrítica.

¿Quién es el único ganador real de este proceso? Tenemos dos ganadores reales en estas elecciones. El primero sigue siendo el INE, digno de respeto por su impecable labor, al cuál debemos de seguir protegiendo de los embates del oficialismo, ya que mientras haya INE, hay la oportunidad de seguir creciendo como democracia.

El otro ganador y que representa, en mi opinión, una gran tragedia para los mexicanos: el PRI como forma de hacer política, ya que aunque la marca se encuentre en un mínimo histórico, el corporativismo y sus estructuras están más vivas que nunca, cambiando el tricolor por el guinda. ¿Verdaderamente podemos decir que el PRI perdió Hidalgo, cuando Julio Menchaca tiene más años de Priista que yo en este mundo?

Las crónicas del “cambio verdadero” no dejan de reflejar lo bizarro del circo que conocemos como Política Mexicana, donde nuestra esperanza recae en tristes hombres rebasados por los tiempos que vivimos.


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