Tras el fallecimiento del papa Francisco, el Vaticano dio inicio al conjunto de ritos establecidos para la “sede vacante”, que incluyen el traslado del cuerpo a la Basílica de San Pedro, la misa de exequias, nueve días de luto y la preparación del cónclave para elegir a su sucesor. El proceso, que sigue normas centenarias, está guiado por el Ordo Exsequiarum Romani Pontificis y regulaciones vigentes desde 1996, con modificaciones de Benedicto XVI.
El procedimiento comenzó con la confirmación de la muerte en la residencia del pontífice, en la Casa Santa Marta. Posteriormente, el cuerpo será trasladado a la basílica vaticana para su exposición ante los fieles, seguido por una misa fúnebre y el entierro, que deberá realizarse entre el cuarto y sexto día después del fallecimiento. Luego, se celebrarán nueve días de luto oficial, conocidos como novendiali.
Durante este periodo, los cardenales con derecho a voto viajarán a Roma para participar en las congregaciones generales y en el próximo cónclave. Según las reglas vigentes, este debe comenzar entre 15 y 20 días después del inicio de la sede vacante, aunque puede adelantarse si todos los cardenales están presentes.
La administración interina de la Santa Sede recae en el camarlengo, actualmente el cardenal Kevin Farrell. Su rol incluye certificar la muerte del pontífice, sellar su apartamento y supervisar las funciones administrativas y financieras del Vaticano. Mientras tanto, el decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re, convoca a los cardenales y preside la misa de exequias.
Solo los cardenales menores de 80 años pueden participar en la elección del nuevo papa, con un máximo de 120 electores. Aunque cualquier varón católico bautizado es elegible, desde 1378 todos los papas han sido escogidos entre los cardenales. La elección se lleva a cabo en la Capilla Sixtina, bajo estrictas medidas de confidencialidad.
Durante el cónclave, cada cardenal escribe su voto en una papeleta con la frase “Eligo in Summum Pontificem”. Tras leer cada voto en voz alta, si ningún candidato alcanza la mayoría de dos tercios, se realizan nuevas rondas. Las papeletas se perforan con aguja e hilo y luego se queman. El humo negro indica que no hubo elección; el blanco, que ya hay un nuevo pontífice.
El secretismo del proceso está protegido por un juramento estricto, reforzado por Benedicto XVI, que contempla la excomunión automática en caso de violación. Esto incluye a los asistentes litúrgicos, secretarios y cardenales que revelen deliberadamente información del cónclave o acepten influencias externas.
Una vez elegido, el nuevo papa es presentado desde el balcón de la Basílica de San Pedro con la frase “Habemus Papam”, seguido por su primera bendición pública. Así concluye el proceso de sucesión papal en la Iglesia católica.
Recibe esta y mucha más información a través de Whatsapp. Envía un ‘Hola’ aquí.
Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.








