Desde junio, los indicadores de riesgo de crédito soberano de México han mostrado un notable incremento, destacándose el Índice de Bonos de Mercados Emergentes Global (EMBIG) y los Credit Default Swaps (CDS) a cinco años. El EMBIG para México, que mide la diferencia entre los bonos emitidos por el país y los Bonos de Tesoro de Estados Unidos, alcanzó un pico de 804 puntos el 2 de agosto, tras haber mostrado una tendencia a la baja desde octubre de 2023.
El EMBIG, que incluye bonos denominados en dólares emitidos por entidades gubernamentales mexicanas, ha visto un repunte significativo desde el episodio de volatilidad en junio. Este índice refleja el costo adicional que los inversionistas exigen para invertir en deuda mexicana en comparación con bonos de referencia estadounidenses. El aumento en el EMBIG sugiere una mayor percepción de riesgo por parte de los mercados globales.
Asimismo, los CDS a cinco años, que actúan como una medida de la probabilidad de incumplimiento crediticio, también se ajustaron al alza, alcanzando los 149.210 puntos el 14 de junio. Este nivel es el más alto desde noviembre de 2023, lo que indica un incremento en el costo para asegurar contra un posible default de la deuda mexicana. Luis Gonzali, vicepresidente de Franklin Templeton, comentó que estos movimientos sugieren que el mercado está descontando un posible recorte en la calificación crediticia de México.
Mariana Campos, directora del centro de investigación México Evalúa, explicó que una degradación en la calificación soberana de México impactaría directamente el costo financiero del gobierno federal. Dado que México enfrenta un déficit fiscal considerable y ha financiado sus necesidades con tasas de interés elevadas en los últimos años, un recorte en la calificación podría incrementar aún más el costo del servicio de deuda y limitar la flexibilidad presupuestaria.
Actualmente, México mantiene un grado de inversión en las tres principales agencias de calificación crediticia globales: S&P, Moody’s y Fitch. No obstante, Fitch tiene a México en el nivel más bajo del grado de inversión, con una calificación de “BBB-”, en la frontera entre inversión y bonos especulativos. Un recorte en esta calificación podría llevar al país al estatus de emisores de bonos basura, lo que tendría implicaciones severas para su capacidad de financiamiento en los mercados internacionales.
El aumento en los indicadores de riesgo refleja la creciente inquietud en torno a la estabilidad económica y financiera de México, exacerbada por recientes turbulencias políticas y económicas. La evolución de estos indicadores será crucial para determinar el acceso futuro del país a los mercados globales y el costo de su deuda.
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