Sin sorpresas, la reforma electoral

Por: Redacción | 7 de diciembre de 2022, 5:33 am CST

Pre-dicho / Marco Antonio García / @garciaperez_

Sin novedad en el frente. Hace más de un mes, antes de las marchas, ya conocíamos la ruta de la reforma electoral. En diferentes entrevistas para Plano Legislativo, Damián Zepeda nos dijo que legisladores del PAN votarían en contra de la enmienda constitucional; Jorge Triana, que vendría una miscelánea de reformas a leyes reglamentarias; y Patricia Mercado, que ese proyecto podría detenerse en el Senado por el bloque temporal que apoya a Ricardo Monreal.

El presidente López Obrador, hace más de quince días había anticipado que los partidos opositores no apoyarían la reforma constitucional y no se equivocó. También anunció cambios a las leyes secundarias y la oposición esperó, especuló, pero nunca reaccionó.

Las voces más cautas llamaban a la prudencia y las más aventuradas apostaban sobre el contenido del proyecto secundario. Sin embargo, nadie actuó. La oposición se distrajo en las marchas, los números, la legitimidad, mientras en Bucareli se cocinaba la verdadera reforma electoral.

Ayer, finalmente, se desechó en la Cámara de Diputados la iniciativa constitucional, antes de que el debate empezara. Sin novedades, sin sorpresas. Entre intervenciones trilladas, insultos repetitivos, aplausos vacíos y gritos inútiles ¿cuál fue la novedad; cuál de los mensajes trascendió más allá del recinto parlamentario; quién le dijo a legisladoras y legisladores que debatir es leer y gritar? En fin, se rechazó la iniciativa y, prematuramente, la oposición festejó.

Sabedor de que el debate sería una mera representación histriónica de las decisiones tomadas por las cúpulas partidistas semanas atrás, ayer mismo el secretario Adán Augusto presentó la nueva y verdadera reforma electoral. Esa que en Diputados, más pronto que tarde, se aprobará.

Desde hace más de un mes la oposición sabía que llegaríamos hasta acá. Sin embargo, no hizo nada para evitarlo. Les advertimos a diputados y senadores que tuvieran un plan B para el día en que se les planteara una reforma inconstitucional. Les insistimos en que no bastaba con esperar y controvertir mediante una acción de inconstitucionalidad. Nos cansamos de repetirles que la verdadera lucha estaría en las normas secundarias y en el poder judicial: desde la elección de la nueva presidencia de la SCJN, la articulación de equipos para los litigios estratégicos y otras estrategias de presión social, hasta maniobras políticas como un Tribunal Constitucional.

Pero si nuestra oposición desde hace mucho renunció a dialogar, a convencer, a cabildear. Si diputados y senadores de la minoría están convencidos de que los aliados del presidente no tienen intereses que se puedan negociar. Si la única alternativa para frenar estas reformas secundarias son los integrantes del nuevo bloque de Monreal… Tal vez sea a él y no a los opositores, a quien haya que asesorar.

En tanto, que la oposición se siga dando la licencia de aplaudirse a sí misma y festejar como nuevas las victorias que estaban anunciadas desde hace más de un mes. Lo normal, lo esperado, lo mínimo exigible para la minoría era que se desechara la reforma constitucional. La verdadera batalla está en presionar al senado y a la corte, para frenar la iniciativa secundaria en materia electoral. Hoy sólo veo dos caminos: Ricardo Monreal o la creación de un auténtico Tribunal Constitucional.

Se agotaron las oportunidades que se tenían en Diputados. Pase lo que pase en el Senado, es momento de exigir, presionar y reformar al poder judicial. He dicho.


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