La guerra que se perdió

Por: Redacción | 20 de julio de 2022, 7:30 am CST

Opinión Pública / Adrián Valencia Ledesma / @AdrinValenciaL2

Fue durante el sexenio de Felipe Calderón que me tocó escuchar por primera vez la frase: “la guerra contra el narco”. Esa expresión aludía a la lucha que había emprendido el entonces Primer Mandatario para imponer la fuerza del Estado ante el avance notable de la delincuencia organizada en entidades como Michoacán, Zacatecas y Tamaulipas; entre otras.

Una de las decisiones más complejas de todo el sexenio, aunque necesaria sin duda, dio pie a una narrativa con la cual la oposición –principalmente la llamada izquierda mexicana, encabezada por López Obrador– descalificó el segundo sexenio pannista tras la alternancia democrática. 

Lo cierto es que aquella “guerra” que inició el presidente michoacano con el despliegue de las Fuerzas Armadas por todo el territorio nacional, hoy parece estar perdida con la claudicación del Gobierno mexicano frente los cárteles del narcotráfico.

En aquel entonces, recordemos, la principal crítica que se hacía desde la oposición era a propósito de la participación del Ejército y de la Marina en labores de seguridad que correspondían a las autoridades civiles.

Sin embargo, desde ese entonces las cosas no han cambiado mucho. De hecho, una de las primeras decisiones del Gobierno del presidente López Obrador fue la conformación de la Guardia Nacional, un cuerpo que hoy está integrado en su mayoría por miembros de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y cuyo mando es militar. 

Luego vino el conteo de muertos. Como si se tratara de un “ejecutometro”, todos los días se contabilizaban las muertes en el país y se atribuían a lo que se consideraba una estrategia fallida por parte de la administración calderonista. 

Así, bajo esa lógica, el sexenio de Felipe concluyó con 60 mil homicidios dolosos atribuidos a la violencia provocada por la delincuencia organizada y al uso de la fuerza pública por parte del Gobierno.

Nuevamente, con López Obrador las cosas no han cambiado mucho. De hecho, están peor. En lo que va de este sexenio hemos alcanzado los 121 mil 600 muertos y aún quedan dos años del Gobierno morenista. 

La “guerra de Calderón”, un término que por cierto se intentó erradicar del discurso presidencial desde la Oficina de Comunicación Social, opacó en gran medida los logros de lo que, a mi parecer, fue un buen Gobierno.

Uno que logró sortear una crisis económica (la de 2009), una pandemia (la de la influenza AH1N1) y que implementó programas ejemplares como el Seguro Popular, las Estancias Infantiles y las Escuelas de Tiempo Completo. 

Pese a ello, el desgaste fue mayor. Ocurrió así por una oposición mezquina –en la que también figura el PRI– que se negó a aceptar la gravedad del problema y que al encontrarse del otro lado, es decir, en la administración pública, no hizo cambios sustanciales.

En seis años, el PRI de Peña Nieto mantuvo a las Fuerzas Armadas en las calles en combates frontales; pero con AMLO, las cosas han empeorado brutalmente, pues la pasividad ha representado una derrota absoluta frente a los criminales, que no sólo retan al Estado Mexicano a la menor provocación, sino que han avanzado en la ocupación de regiones enteras del territorio nacional. 

La guerra que se perdió está frente a nosotros, en las constantes masacres de familias enteras, de jesuitas, de mujeres, de médicos y estudiantes de medicina. La guerra que se perdió está en los secuestros y extorsiones de todos los días, la mayoría impunes.
La guerra que se perdió está en las balaceras del día a día y en la violencia criminal que amenaza hoy al Estado Mexicano y que parece haberlo puesto de rodillas. La guerra hace mucho se perdió o dejaron que se perdiera.


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