Perspectivas y matices / Mariana Campos / @marianacamve
El miércoles pasado entró en vigor el “Acuerdo de carácter general de inicio de emergencia por ocurrencia de sequía severa, extrema o excepcional en cuencas para el año 2022”, en otras palabras la declaración de inicio de emergencia por sequía de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).
No es el primer acuerdo de este tipo. Se han hecho planes para combatir las sequías y otros fenómenos naturales desde el año 2015. En 2021, por ejemplo, se hizo una declaración muy parecida. La diferencia que debe recalcarse con negritas entre la del año pasado y la de este, es que la situación hídrica va agravándose más año con año, e intensificándose en algunas regiones del país, sobre todo en el norte, donde estados como Baja California, Nuevo León, Sonora, Chihuahua y Coahuila hasta el momento han sido los más afectados por la escasez del agua.
Dicha declaratoria, en términos generales, limita el derecho al agua a los usuarios (es decir, probablemente tengamos menos agua y menos días de servicio), así como también se limitará el uso del agua a los titulares de las concesiones cuando se trate de uso industrial y agrícola (las industrias que más desperdician y gastan agua) cuando las cuencas se encuentren en condición de sequía severa, extrema o excepcional.
La motivación de esta emergencia es innegable, nuestro país está expuesto a distintos eventos hidrometeorológicos severos como las sequías. De igual forma, corremos el riesgo de que se reduzcan drásticamente los volúmenes de agua almacenados en las presas “poniendo en riesgo el abastecimiento de agua potable”.
Por ello, la CONAGUA intenta decir con esta declaración de emergencia que es necesario implementar acciones preventivas y de mitigación desde ya.
México no es el único país de Latinoamérica y mucho menos del mundo que está en estas condiciones. Argentina, por dar un ejemplo, declaró esta misma emergencia en el mes de mayo. Es un hecho que nadie puede vivir sin agua, pero ¿Realmente medimos lo que eso implica?
Si el petróleo u otros recursos naturales menos imprescindibles para la subsistencia humana han desatado guerras y conflictos, no me quiero imaginar (pero me siento con la responsabilidad de advertirles) lo que la escasez y consecuentemente la falta de agua podría llegar a causar.
Ha llegado el momento que nos advertían de pequeños en la escuela: “gota a gota, el agua se agota”, el problema es que nadie creyó que llegaría.
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