Opinión Pública / Adrián Valencia Ledesma / @AdrinValenciaL2
La batalla por la gubernatura del Estado de México ha comenzado. En Palacio Nacional existe un especial interés por la entidad con el padrón electoral más grande del país —con 12.2 millones de electores—, que históricamente ha sido un termómetro previo a la elección presidencial. El presidente y su partido lo saben: es la oportunidad perfecta para dar la estocada final al PRI, en uno de los últimos bastiones que le quedan.
Pero además, el triunfo en la entidad mexiquense tendría un especial significado, al ser este la cuna del Grupo de Atlacomulco, el grupo del que han salido los últimos presidentes priistas.
Los recientes embates contra Peña Nieto, a través de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y de la Fiscalía General de la República (FGR), responden a dicho interés.
Algunas voces señalan que se trata de una advertencia contra el expresidente, quien al igual que el gobernador Alfredo del Mazo, no está dispuesto a entregarle la entidad a Morena, así nada más.
De hecho, se dice que el expresidente mexicano ha encargado la operación electoral a hombres de toda su confianza, pero existe molestia por la necedad de ir con el PAN, en un terreno donde el PRI bien podría valer por sí solo. Lo cierto es que la alianza se advierte complicada, especialmente si la cúpula del partido blanquiazul exige la candidatura para alguien de entre sus filas.
El nombre de Enrique Vargas, exalcalde de Huixquilucan, comienza a hacer ruido y molestia entre algunos sectores del priismo del edomex, pues se dice que el actual coordinador de los diputados locales del PAN, quien por cierto tiene un historial bastante obscuro, quiere la candidatura de la alianza a toda costa.
Sin embargo, esto podría provocar la fractura de la coalición electoral en la entidad y abrir espacios para un triunfo aplastante de Morena, que además allanaría el camino rumbo al 2024.
Lo cierto es que en el PRI hay por lo menos tres nombres que suenan con fuerza para encabezar la candidatura rumbo a la gubernatura, con o sin el PAN.
Estoy hablando de Alejandra del Moral, la actual Secretaria de Desarrollo Social en el gobierno de Alfredo del Mazo y expresidenta estatal del PRI; Ana Lilia Herrera, quien además de haber sido diputada local, diputada federal y Senadora, es una mujer cercana al grupo de Arturo Montiel y de Eruviel Ávila Villegas; y Ernesto Némer, exsecretario de Gobierno y quien además estuvo casado con Carolina Monroy, prima hermana de Enrique Peña Nieto y del gobernador Alfredo del Mazo.
Por su parte, en Morena hay tres nombres clave que ya han pronunciado su interés por abanderar al partido en la contienda del próximo año: la secretaria de Educación, Delfina Gómez, quien contendió contra Alfredo del Mazo en la elección por la gubernatura del estado en 2017 y quien perdió por menos de tres por cierto de diferencia de votos.
Horacio Duarte, actual Administrador General de Aduanas del SAT, exalcalde de Texcoco y quien se encargó de la defensa de López Obrador durante su proceso de desafuero como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en 2005; e Higinio Martínez, senador de la República y líder del famoso Grupo de Texcoco, que agrupa a distintas organizaciones sociales de izquierda en la entidad.
Los tres, vale la pena señalarlo, personajes de toda la confianza del presidente de la República.
La batalla por el Estado de México ya comenzó. El despliegue territorial y de actos de proselitismo está en marcha, aún y cuando todavía no son los tiempos electorales que establece la ley.
Y mientras el partido del Presidente placea sin recato a sus cuadros para ir calentando los ánimos, en la coalición “Va por México” no hay claridad de nada, ni siquiera la certidumbre de si será posible hacer a un lado los intereses cupulares, para ir a la contienda con el cuadro más competitivo y mejor posicionado.
Lo cierto es que de negarse a ceder la candidatura al PRI, partido que por más de 90 años ha gobernado esa entidad, la coalición estaría prácticamente firmando una derrota anticipada.
Por lo pronto la cacería del presidente nacional del tricolor, ‘Alito’ Moreno, sigue en marcha y su nombre se ensucia cada día más, quizá para elevar el costo político de asociarse con él. El golpeteo está a todo lo que da. Bien reza el dicho: divide y vencerás.
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