Más normal que la ficción / Sergio Lara García / @BlueGallade
Cuando la política mexicana me decepciona, ya sea por su ineptitud, perversidad, incapacidad o
menosprecio a las instituciones, tiendo a darme un tiempo para oír discursos de Manuel Clouthier
“El Maquío”.
Cómo cualquier persona informada en el acontecer político de nuestro país podrá inferir, esta tradición se ha vuelto cada vez más fuerte, ya que los cuatro adjetivos que mencioné de inicio forman parte esencial de la mal llamada “Cuarta Transformación”.
Pero hoy no busco las palabras de aquel empresario bonachón de Sinaloa, que naciera hace 88 años en Culiacán, para obtener esperanza desde el pasado, ante un presente cada vez más desolador por parte de quienes supuestamente deberían ser la fuerza de contención y oposición que pusiera un alto a los atropellos institucionales.
La realidad es que a la oposición le ha quedado en muchos sentidos mal a un país que se encuentra al borde del desastre, y frente a los penosos resultados que ha dado la administración pública actual, este sería el caldo de cultivo ideal para un ideario opositor que velara por las instituciones, el Estado de Derecho y el Desarrollo de nuestro país.
En cambio, tenemos a tres hombres tristes encabezando una alianza que apenas obtuvo su primera victoria como tal a nivel local (Durango), ya que de las 21 Gubernaturas que se renovaron en 2021 y 2022, la alianza perdió 13 y 4 Estados respectivamente contra Morena.
Las demás fueron una Victoria para MC en Nuevo León, y victoria en Querétaro, Chihuahua y Aguascalientes (aunque en este último hubo Alianza, esta fue de nombre, ya que los votos del PRI y PRD fueron irrelevantes para el resultado en
cuestión).
¿De qué sirve una oposición unida, si sólo gana cuando va separada? ¿Qué es lo que les falta para imponerse verdaderamente como oposición? Soy partidario de la postura de Timothy Snyder, quien plantea en su libro On Tyranny que cuando la democracia se encuentra en peligro, los partidos políticos deben de ser sus guardianes, así como aliarse frente a las olas autoritarias. Pero en México hace falta más que sólo la unión de la oposición desde sus “líderes” nacionales.
¿Qué es ese algo que les falta? Algo que en algún momento tuvieron y con creces: un discurso y el valor de exponerlo, cueste lo que cueste. Es aquí donde mi retrospectiva hacia el “Maquío” entra en cuestión. Clouthier fue en su momento el candidato más exitoso de Acción Nacional, no sólo en términos electorales, sino que también moldeó e impulso el discurso del partido blanquiazul durante los 90s, más allá de su campaña presidencial.
Por más que hoy Marko, Alito, Jesús o Dante busquen postrarse en la palestra como alternativas al país, no podrán. No importa si copian letra por letra cualquier frase o discurso del ilustre sinaloense, ya que ellos carecen de la autenticidad, el ímpetu, pero sobre todo, carecen de la capacidad de mover conciencias. ¿O hay aquí algún admirador de la elocuencia de Marko y Jesús, o la autenticidad de Alito y Dante?
El vacío que hubo en las urnas, no sólo hacía los partidos de oposición, sino en la participación en general en el proceso electoral del pasado 5 de junio, se debe en gran parte a estas “dirigencias” que creen que sólo el membrete es suficiente para ser político. No basta con el hecho de que tengamos diputados, senadores, alcaldes, gobernadores o representantes de partido, si no somos capaces de mover a la ciudadanía a la participación política, estamos condenado a los malos gobiernos.
Si queremos alegar que ya “hay tiro”, primero debemos desenfundar las mejores cartas, ya que las que hoy tenemos en frente no sirven ni para hacer “par”. Hasta que no tengamos un liderazgo capaz de inspirar a la ciudadanía y vencer al lopezobradorismo en su monopolio mal habido del discurso en la política mexicana, podemos seguir juntándonos entre todos sin hacer sólo uno.
“La Autoridad moral no proviene de una credencial de diputado o Presidente, sino de la congruencia entre lo que se dice y se hace.” -Manuel J. Clouthier.
Es hora que la oposición recupere lo que el Gobierno perdió hace mucho tiempo: la autoridad moral para mover a los mexicanos.
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