Papa León XIV encomienda a la Virgen de Guadalupe la paz de las naciones

Por: Redacción | 12 de diciembre de 2025, 4:53 pm CST

El papa León XIV presidió esta tarde la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe en la Basílica de San Pedro, donde elevó una súplica a la Virgen para encomendarle a las naciones, los gobernantes, los jóvenes, los que se han alejado de la Iglesia y las familias. El Pontífice destacó la promesa de la Virgen: “En medio de conflictos que no cesan, injusticias y dolores que buscan alivio, María de Guadalupe proclama el núcleo de su mensaje: «¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?»”.

Mensaje de maternidad y fidelidad

Durante su homilía, el Papa subrayó que la maternidad de María invita a los creyentes a redescubrirse hijos. Recordó que, ante la declaración de María “yo soy tu madre”, la respuesta es «aquí tienes a tu hijo». Pidió a la Virgen que les enseñe a ser auténticos hijos, y que ella, “fiel a su misión, con ternura nos dirá: «Hagan lo que Él les diga»”.

El Santo Padre suplicó: “Sí, Madre, queremos ser auténticos hijos tuyos: dinos cómo avanzar en la fe cuando las fuerzas decaen y crecen las sombras. Haznos comprender que contigo, incluso el invierno se convierte en tiempo de rosas”.

Súplica por la política y la unidad

León XIV extendió su oración a los ámbitos público y eclesial. Pidió a la Virgen que enseñe a las naciones “a no dividir el mundo en bandos irreconciliables, a no permitir que el odio marque su historia ni que la mentira escriba su memoria”.

Sobre la autoridad, el Pontífice solicitó que la Virgen muestre a los gobernantes que su poder “ha de ser ejercida como servicio y no como dominio”, y que instruya en el “deber de custodiar la dignidad de cada persona en todas las fases de su vida”.

En cuanto a la Iglesia, el Papa rogó por los que se han alejado y por la unidad interna, pidiendo que “quienes siembran discordia” inclinen su corazón al deseo de Cristo de que «todos sean uno». Subrayó la necesidad de la comunión: “Dentro de la Iglesia, Madre, tus hijos no podemos estar divididos”.

El Santo Padre también pidió por los jóvenes, para que tengan la fuerza de elegir el bien y resistir las adicciones y el crimen. Finalmente, encomendó a la Virgen su propio ministerio, pidiéndole que las llaves del Reino sirvan “para atar y desatar y para redimir toda miseria humana”.


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