¿Qué chingados está pasando en el Congreso?

Por: Redacción | 5 de septiembre de 2022, 2:09 am CST

Retrovisor / Ivonne Melgar / @ivonnemelgar

Esa es la pregunta. Y las respuestas están en camino.

Porque las escenas contrastantes de tensión en el Senado el miércoles 31 de agosto y de evidente contención de todos los actores el jueves 1 de septiembre en la Cámara de Diputados prefiguran situaciones novedosas en el tablero de la política.

Es cierto que hemos avanzamos hacia el país de un solo hombre, como lo viene alertando la oposición. Y así se observa en el plano del debate público y en definiciones claves.

Sin embargo, esta semana hubo imágenes y mensajes directos y cifrados que nos anuncian que, en el último tramo del sexenio, las fichas se reparten y son varias las manos que juegan. Sobra decir que la invitación a moverse sobre el tablero ha venido del mismísimo presidente de la República, quien adelantó una sucesión que hoy está desatada.

En medio de los cálculos y las estrategias soterradas de cada uno de los suspirantes, resulta ingenuo pretender que son leales a la fórmula que les dictó López Obrador:16 horas de trabajo sin hacer campaña y solo tres, para la grilla.

No. Los presidenciables andan 24 horas por 7 días buscando afianzarse. Porque aun cuando la percepción generalizada es que la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, es la consentida del único encuestado y encuestador que cuenta y contará, la realidad exige ir más allá de Palacio.

Por eso, los acontecimientos de esta semana nos hacen recordar esa máxima de Manuel Gómez Morín: “Que no haya ilusos, para que luego no haya desilusionados”. Es cierto que el presidente López Obrador hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley.

Y, sin embargo, esta semana en las pasarelas de los aspirantes ante diputados de Morena, PT y PVEM, con el pretexto de las reuniones preparatorias de la agenda legislativa, fue al canciller Marcelo Ebrard a quien mejor le fue, si nos atenemos a las porras y apapachos.

En el caso de los senadores del partido oficial, la jefa de gobierno simplemente no fue invitada.

¿Eso generó la inasistencia de cuatro secretarios del gabinete de seguridad, incluyendo al suspirante de Gobernación, Adán Augusto López?

¿A esa exclusión de Claudia Sheinbaum se debió la operación comandada por el senador César Cravioto para apuntalar a su compañero mexiquense Higinio Martínez en la presidencia del Senado, buscando abiertamente disminuir el liderazgo parlamentario de Ricardo Monreal entre los morenistas?

O quizá el experimentado aspirante, excluido cuando se trata de eventos en Palacio o de menciones mañaneras, dejó deliberadamente fuera de la pasarela de la Cámara Alta a la consentida de López Obrador, sabedor de que es a ella a quien le han encargado azuzar a los duros de la bancada morenista para que cambien de coordinador.

Lo cierto es que ni sumados los senadores del ala radical pudieron tirar a Monreal: Ni los rudos mensajes de Antonio Álvarez Lima, Gabriel García, José Narro Céspedes, Cravioto e Higinio.

Por el contrario, los reclamos morenistas por la distancia de su coordinador con el presidente de la República –una ley del hielo que se decidió en Palacio-, por creer en la división de poderes y en la autonomía del Congreso, por ofrecer respeto a la Constitución y por tener diálogo y acuerdos con la oposición, hicieron que el plan que viene fraguándose desde inicio de año se activara por parte de los jefes de las bancadas del PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano y Grupo Plural.

La estrategia no se sacó de la chistera. Es una apuesta a largo plazo que se viene diseñando entre el propio Monreal y los panistas Julen Rementería, Josefina Vázquez Mota, Damián Zepeda; los priistas Miguel Osorio y Claudia Ruiz Massieu, el perredista Miguel Mancera y los emecistas Clemente Castañeda y Dante Delgado.

La idea es que desde el Senado se construya una plataforma electoral hacia 2024 para lo que alcance y mientras tanto para contener los intentos autoritarios del gobierno. Por eso es que ante el golpeteo del gobierno y de un grupo de morenistas contra Monreal, la oposición valoró, en una cena el martes 30 de agosto, en casa del senador Dante Delgado, que había llegado la hora de cerrar filas en torno al defenestrado coordinador morenista.

Al final, los 52 votos que propusieron que fuera Ricardo Monreal el presidente del Senado no fueron suficientes porque la unidad opositora obligó al gobierno y a los duros de Morena a votar por Alejandro Armenta, apuntalado por el ahora fortalecido coordinador.

Los panistas quedaron dolidos. Se habían ilusionado. Pero el balance de Dante Delgado es relevante: “Quiero invitar, de la manera más reflexiva a quienes hoy transitoriamente se encuentran ubicados en la mayoría, a que entiendan que estos esfuerzos que se están construyendo aquí pueden llegar a consolidar un proyecto diferente que logre, en muy poco tiempo, la nueva mayoría en este Congreso y en el país, y en ese sentido estamos trabajando”.

Al siguiente día, en la Cámara de Diputados, volvió a lanzar la pregunta: ¿Qué chingaos está pasando?

Y es que, de manera sorpresiva, la sesión de Congreso General para inaugurar el periodo legislativo estuvo exenta de pancartas, mantas y mentadas. Apenas un grito aislado y anónimo.


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