Más normal que la ficción / Sergio Lara García / @BlueGallade
Hay que tratar a la política por lo que es y no por lo que quisiéramos que fuera. Es muy noble la idea de buscar que los Gobiernos se alejen de la corrupción, las Políticas Públicas perfectas para resolver nuestros problemas, o que los Políticos sean serios en su labor profesional.
Muy probablemente podamos encontrar excepciones a nivel local o incluso estatal, pero la realidad es que la gran atmósfera política nacional nos refleja una decadencia constante y esta, como en cualquier sociedad, tiende a ser más prevalente en el grupo político dominante.
Morena, como partido que se encuentra en las mieles del poder, vive esta descomposición, pero considero que hay una actitud que demuestra esto de manera contundente: arrodillarse ante el poder. Desde miembros de los partidos políticos tradicionales que se “convierten” al obradorismo, hasta las mismas esferas del poder.
Las famosas “corcholatas” del presidente constantemente se arrodillan ante el deseo de obtener el aval del único encuestado que importa, formando parte de un circo mediático digno de la Televisión Mexicana.
Adán Augusto imita de manera caricaturizada a AMLO, Marcelo retuerce discursos para satisfacerlo, Claudia sacrifica toda su imagen para asimilarse a AMLO, y Monreal hace rap para… ¿llamar la atención a AMLO? El zacatecano probablemente sea el que menos participe en el acto, pero no por falta de intentos, vale aclarar.
Pero esto no termina aquí, ya que, de una forma casi irónica, quien es el verdadero maestro de esta acción es el mismo hijo pródigo de Macuspana.
Andrés Manuel López Obrador ha perfeccionado a un nivel profesional el acto de arrodillarse ante otros poderes, mientras que vende a su electorado la imagen de un hombre “fuerte”, los cuales, por la excelente comunicación política que ha ejercido hacia ellos, se creen.
Andrés se arrodilla ante Estados Unidos por la misma geopolítica mexicana y la dependencia económica entre ambos países; de la misma forma que se arrodilla ante Cuba y la Izquierda “Revolucionaria” –permítanme aguantarme la risa del adjetivo en el entrecomillado– por un deseo de continuar con el discurso de la “Izquierda Latinoamericana”.
Se arrodilla igualmente ante Gertz Manero, Manuel Bartlett y otros personajes que deseo no mencionar por el mismo pacto de poder que lo sostiene; como se arrodilla frente a Peña Nieto por el mismo Pacto de Impunidad que le permitió llegar al poder, etc.
En una Paradoja de las cuales nos encanta vivir en México, el presidente que acusa de traidores a todos los que no se postran ante su voluntad, también es el primero en arrodillarse frente a los demás poderes que lo sostienen política, económica e ideológicamente. Ojalá en algún momento la política mexicana dejase de parecer un reality show de los domingos por la noche.
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